martes, 22 de septiembre de 2009

Crónica de la "Media Maratón de Motril 2009" por Manuel Martos






Termino la primera prueba de la temporada con, digamos, unos cinco minutos por encima de lo que debería ser mi rendimiento si hubiera aprovechado convenientemente el tiempo de las vacaciones estivales. Mis siempre escasas salidas no suponen un entrenamiento de calidad, precisamente, pero se nota, se nota que llevaba un tiempo sin correr. ¡No puedo pretender hacer una buena carrera sin salir ni una vez durante la semana previa!


Motril casi me mata. Fatal la última parte, interminables los últimos kilómetros, cuando cada metro se multiplicaba por cien. Ya a partir del kilómetro diez supe que iba a ser penoso mantener un ritmo aceptable, simplemente el ritmo que antes del verano parecía que había digerido bien.


Esta vez no hubo grupo salvador sino grupo matador. Toda la carrera se resume en un intento por no alejarme demasiado del grupo de cuatro o cinco que parecía ser el mío. Ya desde el principio ese intento devino en una tortura psicológica que marcó mi carrera. Pasan las pruebas y parece que uno no vaya a aprender en la vida. Si alguien me lo preguntara, seguro que le diría acobardado aquello de "bueno, estoy empezando"... Porca miseria. Pero no sé qué leches quiero, si ni siquiera salí el sábado por la mañana, aunque fuese a soltar las piernas…


Camino de Motril me llevé el mp3, ahora que parece que definitivamente el reproductor del coche no consiente tragarse ni un CD más, para hacer llevadero el viaje de 115 kms. Conseguí del Soulseek un archivo con material japonés sesentero y setentero de tendencia sounshine-jazz-brasil que está dando mucho juego; quien lo haya recopilado tiene muy buen gusto. Del trayecto me quedo con los bloques de pisos pegados a la carretera de la travesía por La Marmolada, que le da cierta personalidad (no sé por qué me recuerda el paso por una población en un valle entre montañas, cuando no tiene absolutamente nada que ver). Llego a Motril, aparco en la rotonda de entrada y me dirijo fácil a por el dorsal.


Salida con retraso; problemas derivados, supongo, de la celebración en paralelo de una prueba del campeonato de España. Por una vez que quiero ponerme cerca de la línea de salida, para reducir los inevitables segundos perdidos al principio, y resulta que nos echan para atrás, dejando hueco para los pros. Allí, como sardinas, escuchando lo de “el roce hace el cariño”, con aroma a Réflex y con la certeza de que no me va a ir el pulsómetro por las interferencias de todos los que me rodean. Así fue.

“Pensando en reducir segundos en la salida”… ¡narices! Iluso de mí, inocente aficionadillo del tres al cuarto, ¿qué demonios me creeré, cuando no hecho nada para ganarme la mínima buena forma? Hay que trabajarla, hay que sufrir para mejorar, así que basta ya de quejas. Debo saber a qué atenerme.


Solamente que hubo un momento durante la carrera en que miré al suelo y me encontré con un escarabajo por delante que parecía empeñado en echarme un pulso. Y creo que me costó remontarlo y dejarlo atrás.


De nuevo la sensación de ir perdiendo fuelle al final, de verte adelantado por quienes han regulado mejor… ¿También me va a pasar esta chica del culo gordo? Tiro de orgullo en los últimos doscientos metros para terminar esprintando e impedirlo.


Al final, justo a cinco minutos el km; en el límite del descenso a una división inferior. Terminé cansadísimo. Me eché tres cervezas al coleto (sin alcohol, una light y ese engendro de la Shandy) mientras rumiaba mis sensaciones (entiendo a los que ahogan sus penas en alcohol; es patético). Pero mira, salí de allí con la determinación de mejorar como persona, que es el beneficioso efecto que sobre los tristes mortales tiene la contemplación de la belleza… en forma de chica rubia bronceada haciendo estiramientos; y por cierto que se parecía a Lolo Jones (en los mundiales de Berlín por TV esperaba para verla en cada nueva entrevista que hacía para Eurosport). Ahora sé que debo mejorar si quiero volver a encontrarme con ella. Y con el escarabajo.

domingo, 20 de septiembre de 2009

"Maratón de Berlín en directo", gentileza de Universal Sports

Para que podamos disfrutar del gran Haile, así como de nuestros compañeros que estarán haciendo un fabuloso papel por tierras germanas. Vaya desde aquí nuestro apoyo y enhorabuena por anticipado.

Podéis pinchar en el link que hay debajo y......a disfrutar!!:


http://www.universalsports.com/mediaPlayer/media.dbml?id=371259&catid=-2&sid=13048&db_oem_id=23000

martes, 15 de septiembre de 2009

"Los siete Berlineses" por Victor Bernier



Llegó la hora, un día marcado con ilusión en el calendario desde hace prácticamente un año, el 20 de septiembre, Maratón de Berlín 2009.

Muchos de los que me conocéis sabéis que mi afición por correr comenzó cuando conocí a mi vecino Blas. Yo hasta entonces me consideraba deportista pero conocer a una persona capaz de correr un maratón me causó admiración y curiosidad. Pronto empecé a correr y Blas me introdujo en el mundo de la competición. No fui el único de nuestros vecinos que se animó, también Carlos (exfutbolista) fue seducido por el atletismo de la mano de Blas… y otro vecino que ha empezado más tarde a correr es Pedro, que siempre amenazaba con que iba a empezar a correr y este año ya se ha puesto en serio con una progresión espectacular. A Daniel ya le conocéis de sobra. Es un amigo inseparable de Blas desde que competían en bicicleta de niños, una persona sin límites capaz de sacar de sí mismo lo imposible estando lesionado o sin entrenar (imaginaros como va ahora habiendo entrenado bien!). Y las últimas incorporaciones al grupo de Berlín son Cristian y Dani (Dojo). Cristian lleva corriendo algo menos que yo, creo que empezó el año pasado pero es una persona muy dotada para el atletismo y lleva un año para enmarcar: batió marca en media maratón, corrió Maratón de Sevilla, la 101 a pie, hace un par de meses subida al Kilimanjaro y ahora maratón de Berlín. Protesta un poco porque no se ve en su mejor forma, pero Cristian, ¿sabes el año que llevas?... Dojo es caso aparte. No he visto un corredor más elástico y ágil en su zancada. Siempre llega entre los primeros en las carreras de la Diputación y tiene un ritmo superior a los demás (aunque con el permiso del otro Daniel y de Blas últimamente).

Hemos entrenado juntos desde hace unos 3 meses. Blas ha sido nuestro comandante, nuestro maestro. Es una persona con mucha experiencia en el atletismo que además no olvida nunca darnos consejos, reprimendas y motivación para mantener la cohesión de todo el grupo. Los más “perezosos” hemos protestado en algún entrenamiento duro: esas tiradas a Pinillos desde la Zubia haciendo series de pulso (hablamos de tiradas de 30 km), esos 8 tresmiles, esos 6 cincomiles (bueno, para alguno fueron 4),…. Pero al final de un entrenamiento así solo puedes decirle a Blas: Gracias por enseñarnos a entrenar.

El maratón de Berlín es uno de los 5 grandes junto a Nueva York, Londres, Chicago y Boston. La organización hasta el momento ha sido impecable, enviándonos un e-mail semanal desde hace 3 meses advirtiéndonos de cómo debían estar yendo los entrenamientos, la alimentación, etc, aparte de informarnos de todos los servicios que encontraremos a nuestro alcance. El recorrido es muy favorable, en los 2 últimos años Haile Gebreselassie ha batido el récord del mundo en Berlin y en esta edición estará de nuevo en la línea de salida dispuesto a batirlo por tercer año consecutivo. También correrá un keniata que tiene la mejor marca del año en maratón, terminando la distancia en Rótterdam con sólo 29 segundos por encima del récord del mundo. Junto a ellos 40.000 personas más correremos para disfrutar de lo que nos gusta en un escenario soñado. 1 millón de personas y 70 bandas de música en directo estarán animándonos durante todo el recorrido. Los pronósticos del tiempo también parecen buenos y la compañía del grupo sensacional. ¿Qué más se puede pedir? Una buena marca supongo, pero no quiero hablar de eso, solo deciros que más de uno del grupo bajará de las 3 horas y alguno estará en las 2:50. Buena suerte a todos!.

viernes, 11 de septiembre de 2009

LA REALIDAD DEL CORREDOR DE FONDO -Por Javi



Esta mañana temprano, aprovechando un magnífico día rojo en el calendario de estas tierras del poniente donde ya resido, me he tumbado en la playa. Ni un rayo de sol, ni una sola sombrilla en más de 4 kms de litoral. Viento llevadero, si acaso. Me he dispuesto a sumergirme en la Antigua Grecia que magistralmente relata Javier Reverte en su Corazón de Ulises y, entre capítulo y capítulo, cerrar los ojos y escuchar el sonido del mar. Claro que apenas una hora antes ya me había devorado 18 duros kms en compañía de mi infatigable compañero Salva, lo cual había dejado un poso en mis piernas difícil de olvidar por unos minutos. Claro que esta rigidez muscular y este sutil y placentero cansancio no es fruto de un día. No he podido concentrarme en las deidades griegas pero sí escuchar el susurro manso de un mar hoy ennoblecido. Y me reafirmado en una convicción: se acabó la vida contemplativa, el magnánimo asueto y la fatídica autocomplacencia de “Es que estamos en verano…”. Se acabó el relax y comienza la temporada de un corredor. Esta semana ya me he topado con la realidad del corredor de fondo.


Tras un período estival en el que ni por asomo he dejado de correr -de hecho he llegado a acumular 85 kms por semana en dos ocasiones-, llega el sufrimiento. De nuevo. Volvemos a las zancadas largas, las series, las cuestas, el resuello ahogado, el rechinar de dientes, los vientos huracanados, los mil pequeños dolores -algunos no tan pequeños- y finalmente, los dorsales. Es hora de despertar a este adormecido cuerpo y recordarle que hace años eligió el sufrimiento como medio para lograr placenteras satisfacciones a medio y largo plazo. Amigos, es hora de entrenar. Poco a poco, con sangre fría, de manera progresiva hemos de concienciarnos de que las pruebas que tanto nos gustan están a la vuelta de la esquina. ¿Quién no va subir al Conjuro este año? ¿Quién no quiere rebajar un par de segundos si acaso a su marca en media maratón? Y lo más gordo, a la vuelta del año: MARATÓN. Todavía me da escalofríos esa palabra, pero nada, al toro por las astas.


En apenas 10 días, Salva, Manolo y servidor ya nos hemos recargado las pilas. Hemos hecho un duro circuito Oberón, consistente en rectas de 100 metros a tope, y entre cada una de ellas insertamos algún ejercicio de fuerza, ya sean sentadillas, flexiones, abdominales, multisaltos…; hemos hecho series de repeticiones de cuestas cortas (50 metros) para coger explosividad y fuerza; hemos hecho duros miles en cuesta, ¡a 3’50’’!, bajando la cuesta en dos segmentos: dos minutos lentos y otros dos alargando la zancada. Finalmente, hoy hemos rodado en un circuito que poco tenía de llano unos 18 kms. Hemos inyectado veneno al cuerpo, tan fofo, tan… flabby, que aunque es una palabra inglesa, siempre me ha transmitido a la perfección la sensación esa que alguna vez todos sentimos, cuando estamos despanzurrados en el sillón, apáticos, blandos y lentos…


En fin, que aunque el otoño transforme lo verde en amarillo y rojizo, nosotros vamos a invertir la lógica y lo que durante el verano ha estado de un tono amarillo parduzco lo transformaremos en un precioso verde intenso que de una vez por todas se instale en nosotros, para no dejarnos. Al menos durante 9 meses.

jueves, 20 de agosto de 2009

"Entrenar o no entrenar" por Jesús Lens


ENTRENAR O NO ENTRENAR.........

¡Esa es la cuestión!

Resulta irónico que la gente, mis amigos y quiénes algo me conocen, alaben mi fuerza de voluntad por salir a correr casi todos los días.

¡Almas de cántaro! ¡Inocentes!

Yo salgo a correr todos los días, a eso de las tres y media de la tarde, precisamente porque soy un vago, un disperso y un irredento procrastinador y, si al llegar a casa después de trabajar me aposento en el sofá, ya no me levanta de allí ni una grúa hidráulica: me engancho al portátil, pongo un disco, una película o me rodeo de libros y revistas... y hasta el día siguiente.

Pero me gusta correr.

Empecé a correr por una mera cuestión de salud: corría para quemar calorías y, de esa manera, poder comer todo lo que gusta... sin engordar más allá de lo razonable.

Pero luego me convertí en adicto. A correr. Lo que no es excluyente con ser un vago redomado. Porque no me gusta entrenar. Me cuesta Dios y ayuda. Y me da miedo. Lesionarme.

El martes pasado debería haber corrido. Pero tenía los gemelos acristalados, tras haberme pegado un trote desmedido el domingo anterior, de 24 kilómetros, algunos de ellos en sana y dura competencia con un pata pelá. Y fui prudente. Algo que no suelo ser. ¿O cobarde?

Me da miedo lesionarme y no poder salir a correr. Romper esa rutina que tan buenos resultados me da. Por eso me asustan las series, los entrenamientos en cuesta y demás exigencias a las que, para mejorar, debería someter a mis maltrechas piernas.

En mi rutina diaria, como la ducha o el lavado de dientes, está el correr. Sin correr no me siento yo mismo. Para escribir, para pensar y para ser feliz, necesito correr. Y, por eso, precisa y paradójicamente, ¡porque me gusta correr! no fuerzo, no me exijo y no me entreno como debería.

Y por eso, este año, tras la Maratón de Sevilla, apenas si he vuelto a competir. Competiciones en las que tu único enemigo eres tú mismo o, a lo más, el cronómetro. Pero ni por esas. La Maratón me dejó tan tocado, físicamente, que le vi las orejas al lobo. Y me dio miedo.

Por eso he seguido corriendo estos meses. Como siempre. Unos días más fuerte, los menos; y otros días más flojo, la mayoría. Y por eso sigo saliendo, casi siempre, sin reloj, sin pulsómetro, sin GPS. Sólo las zapatillas, el asfalto y yo mismo.

Además, y por respeto, apenas si he salido con Las Verdes, lo que me da mucha pena ya que, además de lo puramente deportivo, había muchos lazos afectivos que se estaban fraguando en ese fantástico grupo.

Y ahora que termina el verano, que vuelve la competición y que las Medias Maratones de otoño asoman en el calendario, me vuelvo a plantear la dichosa cuestión: ¿entrenar o no entrenar?

Jesús Lens, atlético-hamletiano.

lunes, 3 de agosto de 2009

ANTONIO EL MALVERDE (Con el permiso de Jesús Lens)

Al igual que vosotros, siempre he intentado ser un buen verde y creo que en parte lo había conseguido, no tanto gracias a mis méritos como a la benevolencia de nuestras reglas: que te gusten las verdes, esas cervezas Heineken que se tronaron en Alhambra 1925 con el fin de aumentar la dosis y acercarnos un poco más al terruño, y que disfrutes corriendo; solo o en compañía de los demás miembros del grupo. Pues bien, como decía, he puesto mucho empeño en cumplir con los requisitos del grupo, identificándome con las verdes y con sus buenas costumbres. Pero de un tiempo a esta parte, no sé, no me encuentro tan verde como antes, empiezo a sentirme un malverde (que bien mirado si Jesús Lens, como el mismo dijo, era un malverde esta nueva categoría no puede ser tan mala)


Para ser sincero, el primero de los síntomas vino de la mano del líquido elemento. De un tiempo a esta parte las 1925 han abandonado mi paladar, no, no es que no beba cerveza, lo que pasa que ahora vienen en un vaso de medio litro y tienen nombres infieles, y pese a dejarse beber con cierta facilidad hay que reconocer que en nada se parecen a nuestras 1925 (mientras escribo esto el recuerdo de una verde congelada se viene a mi mente y estoy como los perros de Pavlov). Además de un tiempo a esta parte, también, he abandonado la disciplina verde, ya no corro con el grupo. Pero el último de los elementos que me hacen ser un malverde es la infidelidad manifiesta. Sabéis que siempre he sido fiel a las verdes, a excepción de esa semiescesión representada por el grupo mañanero. Pues bien, me alegra comunicaros que ahora y hasta marzo de año que viene soy oficialmente un Headinton Road Runner de número.


Después de esta pequeña introducción os voy a contar qué tal mi experiencia con estos corredores. A pesar de que conocía su existencia de la última vez que estuve aquí, problemas de logística me impidieron unirme a ellos. Este año vivo a 200 metros de su lugar de reunión y no iba dejar pasar la oportunidad. El jueves pasado fui al centro deportivo desde donde comienzan sus rutas dispuesto a plantarme allí y decirles: Jau, corredor español desear unir vuestro grupo, aceptarme queréis. No, mi inglés no es tan malo. Estando allí con tiempo de sobra vi a un señor mayor (mas de 65) con la camiseta del club, me acerqué a él y fue muy agradable, me presentó al resto del grupo y me estuvo comentando algunas cosas del club: que son más de 300 corredores y que ahora mismo hay dos tipos de entrenamiento porque muchos de ellos están imbuidos en la preparación de un Maratón que hay aquí cerca. Aquel día, aparecieron más de 100 corredores por allí. Imaginaros, casi 100 corredores (y corredoras) que quedan todos lo jueves para tomar Oxford al asalto de zapatilla. Primero calentamos, se comentaron las próximas quedadas del club: series, tiradas de 27 Km para preparar el maratón y tiradas de 16 Km para el domingo. Tras esto se establecieron los grupos según ritmo y salimos al asalto. Yo, queriendo ser cauto, me quedé con los que iban a 5.30, prefería tomar contacto tranquilamente y aprovechar para charlar y enterarme de más cosas del club. Antes de salir nos hicimos una foto todos juntos; lástima que aún no esté colgada.


Lo pasé muy bien, el paso era excesivamente tranquilo pero me permitió charlar con muchos de ellos y disfrutar de los parajes que atravesamos; puro bosque y barro, por momentos parecía más un cross. Al terminar me tomé una cerveza en el club y charlé con algunos de ellos. De esta forma me enteré de en qué consistía su rutina de entrenamientos, quedando emplazados de nuevo para el domingo.


Esta vez habíamos quedado a las afueras de Oxford, con lo que además de correr me metí unos 15 Km de bici. Se presentaron cuatro corredores y tres corredores, contando conmigo, y tras las presentaciones salimos bordeando el Támesis. Fue una verdadera gozada, los parajes eran asombrosos, parecían los lugares donde se rodó Robin Hood, me sentía como Morgan Freeman cuando decía: sólo en mis sueños he visto lugares como este. Era bosque y naturaleza en algunos tramos la oscuridad casi nos envolvía pese a la amplitud del camino. Colinas arboladas sobre las que se divisaba el rio y la campiña inglesa y al fondo, imitando las copas de los árboles, las agujas de Oxford. Además Ian, el guía conoce perfectamente la zona y su historia, por lo que nos contaba, mientras corríamos, las historias de cada lugar, incluida la de la pequeña aldea que atravesamos. Si alguien quisiera conocer Inglaterra en su esencia no debería dejar de visitar estos parajes. Para mi fue una bonita experiencia, por un lado conocía mejor la región y su historia, me permitía relacionarme (algo que ya sabéis que no me va) con gente nueva, además en inglés y encima de todo corriendo. Me daba igual que el ritmo no fuese muy alto, al final salieron 15.5 Km a 4.50, lo importante era lo demás. Pero bueno, no os vayáis a pensar que todo es salir a rodar como un pisaparques cualquiera, me sigo metiendo ritmos altos; hoy sin más un farlek, total 13 km saliendo la media a 4:20.


Bueno amigos espero que extendáis mi infidelidad con las verdes y me recibáis a la vuelta, a ser posible como al hijo pródigo, puesto que aunque haya cambiado de grupo lo que más me gustaría sería poder compartir estas rutas con vosotros, si bien al terminar tuviésemos que destilar unas cuantas pintas de cerveza en vez de nuestras 1925.




Un fuerte abrazo de Antonio el malverde.


jueves, 30 de julio de 2009

MADRUGÁ (Por Javi)


“McCandless consideraba que correr era un ejercicio espiritual intenso, rayano en lo religioso […] Chris solía decirnos que pensáramos en la maldad que hay en el mundo, en el odio, y que nos imagináramos que corríamos contra las fuerzas de las tinieblas, contra un muro de maldad que impedía que rindiéramos al máximo.”

“La confusa carga que comporta la vida cotidiana –los descuidos y olvidos, las facturas sin pagar, las oportunidades perdidas, el polvo debajo del sofá, la inexorable dependencia de los genes –queda olvidada temporalmente, borrada de tus pensamientos por la arrolladora claridad de la meta”.

JON KRAKAUER, Hacia Rutas Salvajes



Preciosa. La Alhambra al alba. Los sentidos en plena ebullición.





No puedo dejar de emocionarme. Unas horas después de haber regresado de mi entreno matutino de hoy me encuentro con que el personaje principal del libro que estoy leyendo era un apasionado de correr, “una actividad que recompensa más la voluntad y la determinación que la astucia o el ingenio”. Seguramente yo jamás habría podido acometer las utópicas y temerarias empresas que Chris McCandless llevó a cabo a principios de los años 90; sin embargo intuyo que a Chris le habría gustado levantarse a las 5.30 am para subir al Llano de la Perdiz. Porque se trata de algo más trascendental que un entrenamiento o una voluntariosa e incluso tiránica rutina de un loco del correr. Es una determinación, es una búsqueda de sensaciones infinitas, es una experiencia sensorial que bien merece robar unas horas al sueño.



Cuando uno decide salir de la cama a esas horas sin ningún asunto oneroso que te obligue a hacerlo es porque detrás de la actividad en sí se esconde algo muy poderoso que trasciende lo trivial. No madrugo para hacer cuestas, mejorar mi forma o quemar los excesos gastronómicos de los últimos días. Madrugo para contemplar el mundo desde otra óptica, para entender el orden de las cosas, para convencerme de que la ciudad dos horas más tarde es una falacia. Para encontrar la belleza, el misterioso cambio de las luces del cielo.



Mientras atravieso corriendo las calles de la ciudad uno parece redescubrir callejones, avenidas y edificios. La ciudad duerme; yo la reinvento. Lugares por donde cientos de veces he transitado parecen perder su identidad. Cobran nueva vida, nuevos olores y tonalidades. Los escaparates y los rótulos languidecen, al tiempo que los caminos se iluminan. Cuanto más se adentra uno en el corazón de la ciudad, más inevitable es entender la naturaleza de McCandless: se trata de una huida, sí, pero hacia adelante, en busca de la certeza de la belleza. Cuando ya enfilo el Barranco del Abogado, siento que las luces parpadeantes que me preceden son innumerables hálitos de victoria. Me embarga una extraña felicidad que crece paulatinamente. Tras dejar atrás el cementerio de la ciudad y adentrarme por los todavía oscurísimos senderos que me conducirán al Llano, de repente tu alma se siente en paz. No hay luz física, pero tu interior parece relucir por momentos. Asciendo por el cortafuegos con un ahogado y constante jadeo, con el corazón bombeando a plena máquina, con los poros abiertos y los cuádriceps como rocas, el éxtasis está cercano.






Llano de la Perdiz. Misterioso bosque que se despereza.

A las 7am aproximadamente he alcanzado la cima. Desde allí se divisa el orden: entiendo la orografía, comprendo la ciudad, las autovías y las largas avenidas, aprecio los edificios que dos horas más tarde me resultarán horribles. Me entiendo a mí mismo. No acierto a describir lo que siento: olores, colores y sonidos imposibles de apreciar en otro momento. Desciendo, eso sí, prolongando la magia por caminos que irradian un misterio moribundo: el día despunta. Atravieso el recinto exterior de la Alhambra, con una vegetación y un frescor que seductoramente me envuelve. Regreso por una ciudad que adquiere nuevos matices, aceras y asfalto que no me reconocen. El embrujo apenas ha durado hora y media pero con una intensidad y una fuerza brutal. Todo ha terminado pero consigo reafirmar mi voluntad de repetir la experiencia todas las semanas. Solo o en compañía de Los Guerreros de la Madrugada, esto es algo que absolutamente todo corredor debería probar.

sábado, 18 de julio de 2009

UP & RUNNING (por Antonio desde el exilio)

Eso fue lo que pensé esta mañana al despertarme, los rayos del sol se filtraban por las ventanas de la boardilla donde habito y cosas como estas no se pueden dejar escapar. Sí, hoy por primera vez desde que llegué lucía un sol esplendido y la temperatura era de unos 18 – 20 grados. Al salir me di cuenta de que había muchas nubes pero que estaban lo suficientemente dispersas para no suponer un problema. Salí con la cámara y el camelbak dispuesto a hacer unas fotos para una entrada en las verdes. Al bajar las escaleras, vi que uno de los compañeros de piso calzaba unas Kayano 15, suficiente para comenzar una conversación en torno al correr.



Atravesé Iffley Road y enseguida llegué al río; no puedo dejar de marvillarme ante la belleza del paisaje del Isis a su paso por Oxford. Deseoso de compartir mis sensaciones le pedí a un inglés que me hiciera una foto para colgar en el blog.





Había decidido hacer una ruta nueva, conocía el río de mi estancia anterior pero esta vez quería recorrer el Canal de Oxford; que conecta con Coventry con sus más de 115 Km. De esa forma tuve que dejar el río y atravesar el centro de la ciudad. En estas fechas parece un nido de turistas niñatos. Por cierto, lo más puercos, peor educados, más escandalosos y más sumisos de la moda: los españoles. Por primera vez en mi vida he sentido cierta vergüenza de ser español y que alguien me pudiese comparar con ellos



Tras esta experiencia he llegado al canal y ahí he vuelto a disfrutar. Éste queda fuera del circuito turístico de Oxford y nuevamente gente paseando, en bici o corriendo eran mis compañeros. Así me he ido alejando de la ciudad y viejas carboneras, convertidas en casa flotantes aparecían amarradas o navegando por el canal. Las obras de ingeniería del XIX no dejan de maravillarme, con sus compuertas y sistema de vasos comunicantes para salvar los desniveles del río.



Seguí así durante unos 5 Km, cruzando los túneles que los múltiples puentes tendían. Me seguía alejando de la civilización y la vegetación cada vez era más exultante. Pensaba en mis amigos de las verdes ¡Qué buen paisaje para nuestro nombre de guerra!



Al final unas obras cortaban el camino y tras haber recorrido unos 8.5 desde mi comienzo me volví, disfrutando mucho, ahora sí, del sol resplandeciente en el agua

Dedicado a mis amigos de las verdes, allegados y a los valientes del grupo mañanero.



lunes, 13 de julio de 2009

¡¡ NO PODRÁS CONMIGO!! .... por Alejandro Corpas



Alguna vez he escrito en este magnifico blog y algunas otras veces he comentado con varios miembros de Las Verdes, que mi política en el deporte es disfrutar y nunca sobrepasar la fina línea que separa esta forma de entender las competiciones y la obsesión por mejorar los cronos. Claro está y no me voy a engañar, ni engaño a nadie que cuando se disfruta más, es cuando mejoramos.
Pero en mi caso, después de una condromalacia rotulania que trajo tres meses de parada deportiva en 2008 (nada de correr, nadar o pedalear) y un bocado importante en los ahorros (médico, fisio, plantillas y medicinas), decidí asumir que mi futuro no pasaba por la calidad, sino por la cantidad. Así desde mi recuperación allá en Mayo de 2008, hasta este Mayo de 2009, he realizado varias carreras de 10.000 de la Diputación, una Nocturna de Granada, cuatro Medias (Motril, Granada, Sevilla-Los Palacios y Málaga) y los 101 Km de Ronda en Mtb. Tiempos muy discretos, pero todas las pruebas superadas satisfactoriamente y sin la menor molestia. ¡¡ Contentísimo ¡!, planeando objetivos más ambiciosos….

Pero amigos, de repente un día, dolorcito en la rodilla y empiezan los temores de nuevo, pruebas a trotar y nada. Pruebas a pedalear sin resistencia y regular, nadar si se puede, pero siempre que muevas mucho las piernas….Físicamente lo pierdes casi todo en muy poco tiempo, pero psicológicamente, ¿Qué pasa con la recaída?. Ves que todo lo realizado hasta ahora no ha servido de nada, y en mi caso, me ha obligado a replantearme esta forma de vida, dedicarme a realizar deporte de forma más liviana, dejar de participar en carreras, abandonar mis objetivos de Maratón, 101 a pie ó Triatlon y Duatlón…. ¡¡¡ Claro me lo he replanteado, pero no lo he aceptado. Me he sentado conmigo y con mi rodilla un par de veces y hemos hablado cara a cara y desde luego no voy a dejar que una jodida rodilla izquierda me amargue ¡!! y me quite esas mariposas en el estómago, esos madrugones el Domingo, esos viajes de fin de semana, esos planes, esa indescriptible satisfacción cuando llegas a meta y el orgullo de tus padres y de tú chica, cuando entras en meta y te saludan…. No, eso supera toda dolencia. Lo tengo clarísimo.

Ahora bien, un buen competidor también sabe cuando parar y así que llevo una semana sin correr y sin pedalear, dedicándome a nadar, a hacer pesas y tratarme con hielo y cremitas. Un esfuerzo psicológico, que todos los que nos hemos lesionado hemos aprendido a base de decepción e ilusión. Cuando es una recaída el esfuerzo es mucho mayor.

Echo de menos ponerme mis zapatillas, sudar, correr kilómetros. Coger mi cabra y subir al Sotillo, a Calialfaqui, al Llano de la Perdiz, a Quentar…… Te echo mucho de menos, pero espérame. Volveré, te lo juro volveré y llevaremos a cabo lo planeado. Pero, como dice mi abuelo: “pacencia”.

Quizás todo este peñazo de “relato” se puede resumir en que el deporte engancha muchísimo, mejorando aspectos físicos, pero también psicológicos, puesto que superar estos baches te ayudan a superar otros baches de la vida. Nos obliga a ser realistas y a tomar conciencia de nuestro potencial y nuestras posibles mejoras, nos ayuda a relacionarnos con diferentes personas que tienen una misma filosofía de vida y nos permite ser felices y hacer felices a quién nos rodea.

PD. Hace unos días un corredor pro de media distancia ya retirado, que había participado incluso a nivel Europeo en la selección de su país, me dijo que el no tenía el impulso de correr si no era para ganar. Es un chico muy simpático, pero me dio pena, pues nunca probará las mieles de la esencia del deporte amateur.


Saludos de Aleandro.

martes, 30 de junio de 2009

"Pasión por el Deporte: SALVA ESCOBAR" (Por Javi)

No es habitual individualizar en nuestra bitácora, pues en esencia se trata de una idea colectiva y colaboradora. De hecho, creo que nunca nos hemos centrado en la figura de ningún corredor en particular, ni popular ni de élite. Esta vez quisiera hacer una excepción. Permitidme que os presente a Salva:


Salva y servidor. Un día cualquiera en Almerimar...

Salva es, en líneas generales, un apasionado del deporte: carrera a pie, natación, ciclismo, otras disciplinas indoor, etc. Pero ante todo, se trata de un gran tipo. Una persona sana en todos los aspectos, riguroso, puntual, disciplinado, no exento de meticulosidad, si bien es de fácil y agradable trato. Atleta del club ejidense Chino-Chano, ejemplifica el perfecto compañero de fatigas, esa compañía que tanto se necesita en días en que no apetece salir a correr, en intempestivas tardes huracanadas o cargadas de sofocante humedad. Cuando el ánimo y el cuerpo están bajo mínimos y el entreno diario más parece un tormento que un placer, ahí emerge la figura del compañero con el que intercambiar impresiones, desahogarte o simplemente reirte para hacer el trayecto más llevadero.


A principios de septiembre, recién mudado a Almerimar, literalmente busqué a alguien para correr. Moví los hilos necesarios, hice llamadas, pregunté aquí y allá y se me abrieron varios frentes. Tenía que decidir por dónde ir, a quién pegarme, a sabiendas de que corría el riesgo de toparme con corredores eventuales, de esos que tienen mil y una excusas para dejarte tirado a la primera oportunidad. Yo buscaba y necesitaba continuidad, constancia para mis entrenamientos, cosa que no es nada fácil cuando cada año inauguras un nuevo lugar de residencia, con nuevas amistades y nuevas rutas. Encontré a Salva y desde entonces han sido muchas las tardes de entrenamiento compartidas, muchas zancadas por la costa de Balerma y muchos metros ascendidos por la sierra de Gádor, por no hablar de las series; sesiones de entreno que ya han quedado grabadas en la retina, tardes de inmenso sufrimiento y placer simultáneos: ¿recuerdas esos 20 x 500, esos 10x 1.000, esos 4x 4.000?

Gracias a él, a sus “rodajes alegres”, pero sobre todo, a su compañía, alcancé mi mejor pico de forma, mis mejores marcas y mis mejores sensaciones. Por supuesto, para llegar a ello trabajé duro, me esforcé con un rigor y una disciplina casi estoica, pero sé con certeza que no lo habría logrado corriendo solo. Pero como os decía antes, Salva no falla. Un escueto sms diciendo “a las 7 donde siempre” o un “OK” de confirmación han valido durante todo este tiempo para saber que ahí nos encontraríamos, que no correría solo y que la sesión se haría mucho más amena.

Sin embargo, la mejor conclusión de todo esto no es que consigas un compañero para correr, sino que esa figura se convierte en un amigo, alguien a quien parece que conociera desde hace años y con el que compartes vivencias y momentos muy gratificantes, sin excluir algunas verdes que otras. Además, me alegra sobremanera repetir curso escolar el año que viene en el mismo lugar, entre otras razones porque a partir del 1 de septiembre allí estará, seguro, en los “aparcamientos”, estirando, o haciendo abdominales en el paseo, Salva.
¡Compañero, ánimo! Te mereces este pequeño homenaje. Nos vemos en septiembre.

viernes, 26 de junio de 2009

"De vuelta a las andadas" por Abel




Hace unos días, cayó en mis manos, de manera casual, la imagen que abre la entrada de hoy. Y lo cierto es que, nada más verla de un vistazo, creí que se trataba de una simulación de todas las zonas del cuerpo, que antes, durante y tras la carrera, acaban provocando dolor en el corredor. (Una observación más detenida me hizo caer en la cuenta de que en realidad se trata de ejercicios de estiramiento, que tampoco están exentos de dicho dolor)

Y es que como bien sabéis, estoy tratando de retomar la forma física perdida, por los excesos gastroenólicos de los últimos meses, unidos al sedentarismo que en cuanto uno se descuida, acaba presidiendo nuestras vidas.

Si correr ya de por sí supone un esfuerzo considerable, que acaba sometiendo al organismo a padecimientos físicos, que el resto de mortales no corredores, no acaba a alcanzar, la idea de "comenzar de nuevo" todo el proceso de entrenar, hace que te plantees la opción de salir a la calle, con anestesia general.

Por hacer un breve recorrido anatómico, de las zonas del organismo expuestas al dolor, podemos comenzar por los pies, que desde uñas moradas por el derrame, hasta arrancadas literalmente, abren un universo de "placeres sado-masoquistas del corredor de fondo".

A continuación pasamos al talón, como el de nuestro Aquiles particular (prodigio de desorden anatómico de la caprichosa naturaleza, que realizó fracasados ensayos con sus talones) para ir surcando la planta del pié con nuestra querida, y a menudo eterna fascitis.

Iremos ascendiendo por el tobillo, no sin antes recordar sus torceduras y daños tendinosos en el Aquiles, hasta llegar vía espinillas, gemelos y soleos, emboscados siempre a la espera de "cazar desprevenido" al Compae Flores.

Y, por fin, llegamos a mis odiadas rodillas, impenitentes compañeras en el dolor pre, durante y post ejercicio. Tienen la particularidad de ser capaces de provocar dolor y malestar en su parte interna y externa, delantera y trasera, y por supuesto lateralmente.....¡¡vamos, unas joyas!!

Antes de alcanzar las caderas, que no solo sirven para emplazar las cartucheras de las mujeres, sino que pueden dejar en la estacada al implacable Daniel, pasamos por los cuádriceps y bíceps femorales, siempre cargados y siempre pendientes de estirarlos lo suficiente.

Ya estamos en el tronco y aquí se despliega toda una pléyade de dolores, desde el popular flato en uno, otro o ambos costados, hasta los retortijones de intestinos (a veces clamando por vaciarse, luchando implacables contra los esfínteres y apoyados por la fuerza de gravedad.....¡¡Gracias Newton!!), dolor de estómago, acidez,etc.

Hasta llegar a los hombros, cuna de algunos dolores por sobrecarga, tenemos la columna vertebral, capaz de producir dolor a todo lo largo y ancho de sus 75 cm, tanto de pié como sentados o tumbados, en reposo o en movimiento, ascendiendo o descendiendo pendientes.



Así que despues de este somero repaso, de todo aquellos puntos donde os puede doler y, con seguridad, os dolerán cuando os echeis a esos caminos de Dios a quemar "alpargata", os dejo para darme mi dosis de analgésico por vía tópica así como oral.

Tan solo espero no haber provocado en vosotros, con este alegato del deporte como forma de vida sado-masoquista, un terrible "DOLOR DE CABEZA", que solo faltaría eso.

Saludos!!

martes, 16 de junio de 2009

II MEDIA MARATÓN DE MONTAÑA LA CALAHORRA-PUERTO DE LA RAGUA / MULTICRÓNICA

La visión de La Ragua de un reciente Triatleta…….. (por VICTOR)



El recuerdo del año anterior de esta carrera era vago y las cicatrices que dejó habían quedado ocultas detrás de otras producidas por carreras más recientes (Veleta, maratón de Sevilla, 101 de Ronda, X-challenge de Marbella…) pero sabía que tocaría sufrir el domingo y eso fue lo primero que le dije a David cuando nos encontramos la mañana del domingo.

En la línea de salida apenas pudimos establecer una estrategia clara entre Javi, Antonio y yo, de tal forma que cada uno salió a su ritmo, encerrado en sus propios pensamientos y buscando sus sensaciones. Llegando a Aldeire veo delante a Nacho, uno de los amigos de las madrugadas, y hago un cambio de ritmo para correr junto a él, sé que es una buena referencia para mí, es un buen escalador y en la carrera reciente de las Fuerzas Armadas entramos uno tras el otro. Corremos juntos hasta el km 9 ó 10 pero al final las sensaciones de cada uno hacen que nos separemos buscando cada uno su propio ritmo. Los km de ¿trámite? van pasando con subidas más o menos intensas, llaneo e incluso un par de km de bajada, hasta que por fin veo la fatídica curva que te introduce en ese infierno de asfalto que tan bien describen mis compañeros en sus crónicas. Ahora empieza la verdadera Ragua- me digo- y los 2 siguientes km recuerdo haber visto a muchos corredores empezar a andar el año anterior así que adapto el ritmo a esas durísimas rampas e intento mantener fuerte la cabeza. Los km con esas pendientes se hacen largos, larguísimos, pero llego al 16 con la sensación de ir sufriendo menos que en 2008. A partir de aquí me encuentro en solitario y las tentaciones de andar me asaltan un par de veces pero soy consciente de que en estas carreras duras hay que superar estas crisis. Los km están señalados un poco arbitrariamente y de pronto me veo en el 21 pero, ¿Dónde está la meta? Aún nos queda casi 1 km, lo hago con lo poco que queda y con la seguridad de que ya no voy a parar. Entro en meta, 2:01:03, 20 segundos más que en 2008 pero me comenta Antonio que ha sido más larga. Satisfecho, sin ánimo de competir he mantenido o mejorado marca y la sensación fué de haber sufrido menos.




Empezando la historia por el final........(por Onio)










Nada mas cruzar la meta me dirigí hacia el puesto de fruta que había frente a mí. Allí encontré a Gregorio y a Jose Antonio descansando. Tras el breve “¿cómo te ha ido?” y algunos comentarios mas, Gregorio me hizo la gran pregunta:







- ¿Volverás?
- …………….tengo que pensármelo - contesté.


Pero para poder contestar a esa pregunta tengo que contar primero la historia de todo lo sucedido ese día y las semanas anteriores.



Tras mi vuelta a los caminos había ido cogiendo forma mucho mas rápido de lo que en un principio pensé. La principal causa de esa rápida recuperación se puede encontrar a las seis de la mañana un martes o jueves cualquiera por las calles de Granada en dirección, siempre, a lo mas alto. Pero en las dos últimas semanas había notado cierto bajón en mi forma que me tenía preocupado. Tras la carrera de Las Fuerzas Armadas, en la que sufrí un pajarón terrible y en la que si no llega a ser por David dudo que la hubiese acabado, volví a sufrir terriblemente cuando el grupo mañanero encaró la subida al Llano al martes siguiente. Estas dos pajaras tan seguidas hicieron que cogiese un poco de miedo ante la inminente subida a la Ragua y sobre todo me sembraron la cabeza de dudas haciendo que una y otra vez me preguntase si sería capaz de tan siquiera terminar.




Con todas estas dudas revoloteando en mi cabeza conducía el domingo por la mañana mientras con la vista trataba de identificar la cota donde dentro de unas horas esperaba estar. Ya una vez en La Calahorra todo sucede a gran velocidad, recogida de dorsales, desayuno, ungüentos varios por el cuerpo, alguien que sugiere calentar mientras otro le contesta que “pa´que, si te vas a hinchar” y sin darme cuenta me encuentro bajo un gran arco de color rojo junto a los que en las próximas horas serán mis compañeros de fatigas.


Bajo ese gran arco y justo antes de partir cambio algunas palabras con Gregorio.


--¿has entrenado a conciencia esta carrera, verdad Gregorio?.
--Pues si, pero esta carrera no se corre solo con las piernas, se corre principalmente con la cabeza.



Esas palabras resuenan en mi cabeza segundos antes de escuchar el pistoletazo de salida y es entonces cuando lo veo claro, es entonces cuando me veo solo en mitad de una plaza muda sin otra compañía que el sol que comienza apretar y pensando que hoy corro para mi, para demostrarme que soy capaz de llegar y que lo voy a conseguir. En ese instante suena un disparo y me pongo en marcha cruzando el gran arco rojo. Primeros metros a través del pueblo que nos dirigen a una inmensa recta de la que por suerte solo recorremos los primeros metros antes de desviarnos hacia los caminos de tierra. Voy muy tranquilo intentando no acelerarme para ello miro una y otra vez el pulsometro que me devuelve bajas pulsaciones y me da confianza. Aprieto un poco la marcha y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro con las primeras rampas. "Ahora a mantener el pulso Antonio", y así voy subiendo despacito pero a ritmo constante. Noto que adelanto a mucha gente pero cuando llego arriba esa gente vuelve a adelantarme, intento ir tras ellos pero mi cabeza me dice que los deje, que hoy no compito con nadie sólo conmigo mismo así que vuelvo a establecer mi ritmo y trato de mantenerlo incluso cuando las cuestas me son favorables. El paisaje es asombroso, todo está verde y para colmo se escucha el fluir de un arroyo que discurre paralelo al camino y que cruzamos en un par de ocasiones. Vuelven a aparecer nuevas rampas y vuelvo a adelantar a mucha gente pero esta vez cuando llego arriba noto que me adelantan menos de los que yo he adelantado. Continuo con mi ritmo y me agrego a un grupo de tres compañeros alguno de los cuales recuerdo de anteriores carreras. Con este grupo llego a la parte mas favorable de la carrera y entonces noto que ellos suben algo el ritmo así que decido dejarlos ir, aprovecho para beber bastante agua y tomar un gel mientras busco con la mirada el terrible asfalto. Por fin lo diviso a lo lejos pero ya no le tengo miedo he ido aguantandome toda la carrera y a partir de ahí voy a darlo todo. Kilometro catorce, giro hacia la derecha y emprendo la subida. Comienzo a adelantar a gente pero a diferencia de antes ya no vuelve a adelantarme nadie. Me encuentro muy comodo con el ritmo que llevo y según voy viendo gente por la carretera voy intentando darles caza y lo voy consiguiendo. Los kilometros van cayendo y aún puedo mantener el ritmo, paso el 18, el 19, ¿el 15? "graciosillo", el 20, vamos Onio que solo te queda uno. "Ya lo veo, ahí está y tras esa curva tiene que estar la meta". Paso la curva y "¿dónde carajo está la meta?". Noto unos pasos detrás que aceleran "Ah no, ahora no me adelanta ni dios" aprieto el paso y ahora si, ahí esta el arco rojo.



Dos horas, once minutos y cincuenta y dos segundos mas tarde vuelvo a cruzar este arco tras recorrer algo mas de ventiún kilómetros. Atrás queda el que hasta la fecha para mi ha sido el recorrido mas bonito que he afrontado en una carrera y sobre todo me queda la sensación de que fui capaz, de que durante esos ventiun kilómetros no sucumbí nunca a la desesperación por llegar, de que disfruté todos y cada uno de los paso que di desde el comienzo hasta el sprint final.



Y ahora ya puedo contestar a la pregunta:
--¿Volverás?
--POR SUPUESTO.











"Así fue, a La Calahorra fui para subir"…(por Mario Zafra Jiménez)





… después de 21 km largos y durante 2 horas y 25 minutos, al puerto de la Ragua, situado en la parte norte de Granada y Sierra Nevada, sobre la cota 2000, dando categoría de alta montaña. Y fui después de negar más que San Pedro, que no, que eso no era para ir corriendo, y en esa negación se puede resumir mi primera media maratón del Puerto de La Ragua.



Con piernas no llegue para el reto, y en esas empecé a dar los primeros kilómetros, dirección a Aldeire, antes de adentrarnos en las faldas, de la sierra para "zigzaguear" con pendiente por pistas entre arboles y algún rio que cruzamos un par de veces, antes de llegar a la temida carretera en sus últimos ocho kilómetros.



Esos primeros quizás dos, tres o quizás cuatro kilómetros los hice con José Antonio al que deje ir, primero porque no podría seguir su ritmo, y una vez ya en las pistas y ver de qué iba el terreno empecé a planificar mi carrera. Puede ser que fuera una decisión cómoda, huyendo del sufrimiento y buscando el disfrute del entorno, la adoptada, torne el trote de corredor por un trote senderista rápido, es decir andar, en aquel terreno que era con más desnivel. Cuando el camino se significaba por menos desnivel, los hacía corriendo, a buen ritmo incluso, recuperando con dignidad lo perdido. De senderista hubo momentos que iba al mismo ritmo que aquellos que corrían, y hasta sobrepasar alguno en tramos duros, echaba de menos unos bastoncillos, me habrían venido bien de haberme atrevido a alguna trocha. El objetivo se iba mascando, llegar lo más entero al asfalto y allí llevar un mejor ritmo e ir corriendo, cansado no iba en exceso. Los dos o tres últimos kilómetros de tierra en falso llano, me dan animo, creo en llegar bien al asfalto, el tiempo me daba igual hace rato. En principio se agradece el asfalto, y a ello vamos, pero hay pendiente, y seguimos en lo mismo, mi particular carrera de relevos, andando y corriendo. Tras el paso por la carretera antigua, volvemos a la carretera, donde el piso es mejor, quedaran tres kilómetros, aunque de repente marca kilometro 15???? Vemos ya el hueco del paso de montaña, es un error, y el aire sopla en contra, pero ya estamos, así que apretar, habrá que esforzarse algo. Paramos cronometro en esas dos hora y veinticinco minutos. Tampoco ha estado mal. Ahora ya no negare de ella.


















LA RAGUA 2009 - “O cómo sucumbir de nuevo al gigante“ (por Javi)





















Muchas carreras he hecho desde la anterior de edición de la subida al puerto de la Ragua del año 2008. Muchos kms, muchos entrenos, logros y decepciones, y entre toda esta amalgama, un maratón, de cuya alargada sombra ya he hablado en otra ocasión. El caso es que de nuevo llegó el Espíritu de la Ragua, eso sí, arrastrando una ya casi preocupante falta de motivación y ambición por mi parte en todas las carreras anteriores. No obstante, la preparé, la entrené a conciencia, subiendo y llegando a hacer recorridos de montaña casi oníricos, escalando metros imposibles y enfrentándome en soledad a muchas rampas dantescas, como las definiría José Antonio.




“Al menos voy preparado”, me decia en los preliminares, pero una sensación implacable ya se había apoderado de mí: no sufriría como el año anterior. No. No agonizaría esta vez, si bien toda mi preocupación sería no pararme ni un solo segundo, no caminar ni un metro. ¿Contratiempos? Tuvimos calor, algo de viento, alguna molestia en el empeine izquierdo… trivialidades que en nada quedaban ante la rotundidad de mi determinación: mi cabeza había decidido no sufrir.



Y así lo hice. Partí a mi ritmo, dejé que mis referencias se desvanecieran en el horizonte, agaché la vista, sonreí y con la compañía siempre de una botella de agua -no me deshidrataría como el año anterior, que no abandonaría hasta sustituirla por otra en el siguiente avituallamiento, subí, bajé y volví a subir. Llegó el asfalto. ¡El temible y letal asfalto! Y me acomodé, bajé el ritmo, troté suave, dejé escapar a dos corredores que me acompañaban durante varios kms con una impasibilidad que hoy me duele, no luché lo más mínimo. Seguí corriendo, no me paré, cogí la sandía y la bebida isotónica sin detenerme un instante, escuché el canto monótono de las chicharras, dejé que mi cuello y brazos se abrasaran por el sol. Dos o tres veces alcé la vista para mirar al monstruo cara a cara, que son esas tremendas serpientes diabólicas del km 20, y ante mi evidente indefensión, el monstruo ni siquiera me embistió. El monstruo sabía que no tenía oponente, que vencería sin pelear lo más mínimo. Coroné en 2 horas y 2 minutos, restando 4 minutos al crono del año pasado.



Bajo la cresta roja del monstruo creí estar contento, creí haber dañado a la bestia… Qué iluso… Me había derrotado a mí mismo cuando el monstruo miraba a otro lado…¡ Qué heridas tan crueles, que incrementan su dolor con el paso de los días!

viernes, 12 de junio de 2009

“ VELANDO ARMAS” por Abel




Se acerca el día de la competición, tan solo unas horas me separan del disparo de salida y la suerte y la preparación que haya sido capaz de atesorar serán mis únicas armas para afrontarla con éxito.



Trato de no pensar en ello, pero la imaginación hace que mi mente recree cada zancada, cada respiración jadeante, cada dolor que irá apareciendo y desapareciendo de mi cuerpo, a lo largo de todo el recorrido.



Las dudas me asaltan, pues ¿estaré realmente tan entrenado como quiero pensar?, ¿reaccionará mi organismo bien ante el reto al que le someteré?, ¿el calor echará por tierra mis aspiraciones?, ¿lograré mejorar mi anterior marca?, ¿estaré a la altura de mis rivales de siempre?.....sin lugar a dudas, todas esas respuestas solo podrán ser resueltas en el momento de la competición, y ni un minuto antes.



Cuido mi alimentación durante estos días que preceden a la carrera, para tratar de llegar con los músculos a tope de energía, con la hidratación y los electrolitos en su nivel óptimo. Por tanto tengo que privarme del exceso de alcohol, sobre todo esas cervezas que con el calor, mi organismo me pide ingerir.



Aparto el entrenamiento intenso y lo sustituyo por algo de estiramientos y rodaje suave, tratando de descansar el mayor tiempo posible, aunque no siempre durmiendo, pues la mente se me dispara con sus cábalas respecto a la competición.



Es en estos momentos cuando pienso: ¿por qué he tenido que apuntarme a esta prueba, con lo feliz que soy yo entrenando tan ricamente? Y es que de nuevo la adrenalina de la competición, hace que busque esa sensación de esfuerzo, sacrificio y búsqueda de los propios límites de mi organismo, el cual me demuestra cada vez, que éstos puedo llevarlos un poco más lejos, si hago las cosas bien y con cabeza.



Simplemente pensar en el ambiente de compañerismo y camaradería que hallaré en los preámbulos de la carrera, hace que se despejen rápidamente los nubarrones de mis ideas negativas.



Tan solo me queda por repasar la indumentaria de la carrera y como una novia ante su día más soñado, preparo la vestimenta, el calzado, los accesorios, la comida energética, etc, con toda la minuciosidad que la situación requiere, pues con la emoción del momento, si lo dejo para última hora, puedo olvidar algo imprescindible e irreemplazable.



Me subo al coche, recojo a mis compañeros de fatigas y nos dirigimos al punto de partida de la prueba, ya no hay marcha atrás posible, pues la suerte está echada.





Ya solo queda ¡¡ DISFRUTAR!!