viernes, 16 de octubre de 2009

Media Maratón de Guadix 2009 , "Sed de Venganza" por Abel

No me cabe más que confirmar que, el ser humano es el único animal que tropieza, al menos 2 veces con la misma piedra. Y en el caso del corredor muchas más. Viendo el tipo de tropiezos que nos infringimos, algún espectador, ajeno al mundo de la “alpargata”, sin vacilar un instante afirmaría que somos masoquistas. De hecho, yo mismo, en numerosas ocasiones lo pienso.

El pasado año participé en la prueba que encabeza este post, y lo pasé mal, realmente mal. Principalmente porque no estaba en mi mejor condición física, pero también por las condiciones que la propia carrera ofrece.

Trataré de contar mi propia experiencia en la Prueba del Melocotón, fruta con la que se obsequia a todo aquel que completa el recorrido propuesto.
Por si hay algún despistadillo por ahí, os incluyo el perfil y lo comento:




Llana, lo que se dice llana………..no es!!

Y es que nada más sonar el disparo de salida, te suben, bueno más bien subes tú solito, aun con las piernas algo frías, a lo más alto de la localidad. Imagino que habrá buenas vistas desde allí, aunque cuando el pasado año alcancé dicho balcón, la sangre parecía querer agolparse toda entera en las piernas, así que la vista se hallaba algo nublada y con el corazón desbordado, tratando de salirse por la boca, y ojo, que casi lo logra.

A continuación, descenso hacia la salida de Guadix y te encaminas por la carretera hacia Purullena, bonita localidad de la comarca, que te da la bienvenida a su término municipal con una cuesta que, solo con verla, te duelen las piernas y hasta el alma. Te parece interminable e inaccesible. La ves llegar desde lejos, con esa hilera de corredores que te preceden, imagen que más parece la “cuesta de los presidiarios” que una prueba atlética.

Ahora sí, descenso vertiginoso y entrada triunfal en Purullena, como caballos desbocados, aprovechando la inercia del descenso. Durante unos kilómetros eres consciente de que te estás alejando de Guadix, así que cuando por fin la orientación hace que vislumbres el rastro de la meta, la panorámica se vuelve dual y terrible, pues por un lado te sobrecoge la magnificencia de la torre de la Catedral accitana, pero eso sí, alejadísima de nuestra actual situación. Por tanto nos quedan unos kilómetros que ponen a cada uno en su sitio. Rectas interminables, con el sol dando plenamente de cara.

Es en este momento es cuando el corredor sufre un proceso de introspección, sumido en sus propios pensamientos, jalonados de jadeos, dolores múltiples, buscando fuerzas donde tal vez ya no las haya. Ahora eres consciente de lo que las cuestas que “decoran” el recorrido han hecho con tus piernas. Es ahora el momento de poner el piloto automático y enfundarte el mono de trabajo en esto del correr y sufrir.

Por fin encaras las calles de la población, y esperas al aliento del público haciendo un pasillo por donde trascurran los atletas, que te aporte el resorte necesario para poner digno colofón a esta prueba. Y en efecto, esperas, el apoyo del público, y esperas y esperas……… pero éste no llega y eso ocurre porque las calles están desiertas. Piensas que tal vez éste se agolpe, en las inmediaciones de la meta, y con esas ideas acometes alguna revuelta callejera antes de llegar al km 21.

A los pies de la Catedral, sabes que solo unos metros te separan de la ansiada llegada, y es ahí donde hallas los gritos de ánimo por parte de tu familia y amigos, y las familias y amigos del resto de participantes, porque lo que se dice público local no se ve, o al menos yo no vi, todo sea que mi mente se quedó sin alimento y esa parte se borró misteriosamente.





Cruzas la meta y en ese mismo instante, eres consciente de la dureza de la Media y juras y perjuras que ni por recorrido, ni por paisaje, ni por ambiente del público volverás a repetir esa prueba.


Y cuando quieres darte cuenta ha pasado ya un año y…….llega octubre de 2009 y …………….

…………. este domingo, si todo va bien volveré a correr la Media Maratón de Guadix, porque no quiero que una carrera me venza, no quiero rendirme sin pelear. Por supuesto que no es una prueba para hacer marca, pero sí una carrera para pedir ¡¡Venganza!!




domingo, 11 de octubre de 2009

SURCANDO LA VEGA -Por Javi




Un poco después de las 11 de la mañana, el Garmin Forerunner 305 de Txomin, justo a las puertas del restaurante Cruz de Granada de Pinos Puente, marcaba exactamente 25 kms. Suponía el magnífico colofón a una mañana espléndida, de agradable temperatura y mejor compañía, que 6 amigos corredores habíamos decidido transcurrir a golpe de zapatilla.

Más temprano, a las 8.30, puntuales, nos reuníamos en el mismo bar-restaurante Onio, Víctor, Txomin –amigo murciano de Águilas- y servidor. El plan establecido era dejar dos vehículos en Pinos Puente para volver todos juntos a Granada, a la puerta del olvidado Estadio de la Juventud, donde nos aguardaban Jesús Lens y Javi Ruiz, e iniciar desde allí nuestra travesía. Así lo hicimos, y a las 9.09 el grupo de 6 partió de la capital nazarí para adentrarse en las entrañas de la Vega. Para ello, buen humor y sonrisas, anécdotas y sobre todo ganas de correr eran las armas de las que disponíamos.

En todo momento el ambiente ha sido de lujo. No hemos parado de hablar de mil y un temas, nos hemos reído y hemos tenido que dar la voz de alarma en más de una ocasión, pues el ritmo se nos aceleraba por instantes. Y es que los cambios de ritmo de Javi Ruiz y Víctor, cada vez que se ponían en cabeza, nos obligaba a los demás a ponernos manos a la obra y no distraernos mucho. Esos caminos tienen una magia que ya he intentado describir sin éxito en otras ocasiones. Son senderos pedregosos y llenos de baches, así que te obligan a mirar por dónde pisas; al mismo tiempo, son angostos, con lo que el colectivo tiene que ir seccionado en dos grupúsculos, lo que te fuerza a vigilar los pies de tu compañero de vanguardia. A la izquierda, el Genil; a nuestra derecha, interminables choperas. Si bien esta vez la bruma mística del frío enero no nos acompañó, una agradable temperatura y un sol radiante han vuelto a conseguir emocionarme. Pasaban los kilómetros y el ritmo no decaía de 4’45’’, es más, 4’30’’ e incluso 4’25’’ ha sido un ritmo de crucero muy habitual en este trayecto que nos conducía hacia el pueblecito de Pedro Ruiz.

El grupo llega entero, animado, optimista. Bebemos agua de una fuente e inmediatamente, a pesar de alguna objeción poco convincente en cuanto al número de kms a realizar, volvemos sobre nuestros pasos para tomar un camino a la izquierda que nos conduciría a Fuentevaqueros. Y no directamente a Pinos Puente, jeje. Pero no, no nos perdimos. Fue lo acordado, unánimemente decidimos hacer 25 kms, así que no acortaríamos la ruta. Seguimos hacia la localidad lorquiana, cuyo paseo atravesamos, ante las miradas entre divertidas y atónitas de lugareños jóvenes y mayores. Así pues, dejábamos atrás un nuevo pueblo. El encanto que tiene atravesar una tras otra localidad en compañía de varios corredores, el sonido de tantas pisadas a lo largo de las horas, la cadencia de las respiraciones… es inigualable. Tras todo esto subyace una música que te envuelve y te hace, definitivamente, sentirte feliz. La sensación de hacer camino, el avance en su máxima expresión. Todo bonito, aun a sabiendas de que los 5 últimos kms no iban a ser precisamente amenos.

Y digo a sabiendas porque creo que todos y cada uno de nosotros sabía que
nuestro ritmo se incrementaría, que se desatarían las hostilidades de un momento a otro (“ir a 5 es una milonga”), que la feliz cohesión grupal se desharía cruelmente. Así fue justo al abandonar Fuentevaqueros. Fue sentir y reconocer el entorno circundante a Pinos Puente y las piernas empezaron a imponer un ritmo agresivo. El ritmo subió a 4’05’’-4’10’’, incluso más duro por momentos. Pero este grupo no es fácil de quebrar. A pesar de llevar casi una media maratón encima, con bellos y sugestivos paisajes, eso sí, y a pesar de no haber bebido más que un fugaz sorbo en la fuente de Pedro Ruiz, los dientes se apretaron; definitivamente nadie quería sucumbir. El pulso se aceleró, divisamos Pinos a nuestro noroeste, parece que quisiéramos acercarlo con nuestras miradas, pero para ello había que correr. Ya estaba bien. Ya teníamos a menos de 3 kms la Cruz de Granada. Agua y cerveza fresca nos esperaba, merecido manjar.

Corrimos. Mucho. Un pequeño rosario multicolor empezó a llegar al destino, sintiendo inmensa alegría en todos los casos. Para mí, emoción doble, pues hacía casi dos años que no hacía la misma ruta y por ello decidí subir el último puente antes de llegar al restaurante con todas mis fuerzas, tenía que sacarme esa espina. Además apenas unos minutos antes de concluir divisé en el horizonte un corredor de blanco. No sé por qué, pero se me antojó que sería Paco. Nuestro Compae, el que dos años atrás me había fotografiado sufriendo como un bellaco en el mismo puente, destrozado, hundido, llegando el último de todos. Él, como siempre, me dedicó un efusivo abrazo y una sonora carcajada, marca de la casa, a lo que yo reaccioné de idéntica manera. Mi alegría era inmensa. Pero aún quedaba la puntilla, que la daría nuestro amigo Txomin: “Javi, quedan 200 metros para hacer 25 kms, ¿los corremos?” Ya podéis imaginar mi respuesta. Dimos una vuelta al recinto del restaurante hasta que el Garmin del murciano se detuvo en 25 kms, en 1h 57’. En apenas un minuto, todos reunidos de nuevo, triunfales, sonrientes, felices, eufóricos. La mañana había sido inmejorable. Sólo faltaba rematarla volviendo a Granada y tomándonos allí nuestro merecido homenaje en forma de Alhambras 1925 bien fresquitas.

Decir por último que el grupo está en muy buena forma y que nuestra nueva incorporación, Txomin, se ha mostrado como un corredor perseverante, fuerte y con un final impresionante. Y que quedáis todos emplazados para nuestros siguientes retos. Uno indispensable será la subida al castillo de Moclín, para lo que todos los asistentes a esta tirada han manifestado su interés en acudir. Sigan esta bitácora y apúntense.

*Ruta y entrada dedicada a nuestro Antonio, al que le habría encantado acompañarnos, y que se encuentra por la Pérfida forjándose en el doctorado. Amigo, sé y sentimos que hoy has corrido con nosotros.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

¡¡ SOÑANDO DESPIERTO !! por Abel


Ya se fue el verano, se alejan los días de calor intenso y agobiante, el hacer y deshacer maletas y planes de viaje vacacionales. Llegó la vuelta a la rutina del trabajo, los estrictos horarios, los atascos y los madrugones.

Cambiamos la vestimenta por algo más abrigadito, manga larga, e incluso tenemos que buscar apresuradamente el paraguas para protegernos de alguna tormenta. Los que por motivos profesionales, así se nos requiere, de nuevo tratar de recordar cómo se anudaba la corbata, pues aunque parezca mentira, en verano llega a olvidarse.

Los chavales vuelven al cole, bueno, los que son profes también vuelven, con menos ganas incluso que los alumnos.

Hasta aquí, creo que todo lo que he contado, pasa en las vidas cotidianas de la inmensa mayoría de las gentes que nos rodean. Pero nosotros, los corredores, vemos toda esta transición de una forma especial.

Cuando el estío se aleja, con él se van esas semanas de carreras suaves y placenteras, esas cervecitas aliviadoras de la pesada canícula estival, esos excesos gastronómicos que tanto agradece el cuerpo, sobre todo las zonas propensas a almacenar esta forma de reserva energética. La ausencia de competiciones hace que se relajen cuerpo y mente, para con ello preparar lo que se avecina, a pasos agigantados………….. la ¡¡ Nueva Temporada !!

Y es que ahora es cuando metemos kilometraje en nuestras semanas, ya de por sí cargadas de variadas ocupaciones, laborales y familiares. Comenzamos a hacer series, tiradas largas, cambios de ritmos, cuestas, entrenos combinados, con bicicleta o natación, etc, etc.

Todo ello con el fin de afrontar la temporada entrante con todas las garantías que nos permite la ausencia de lesiones y la acertada elección del plan de entrenos más apropiado.

Y es ahora, cuando dejamos la mente volar, imaginando todas las competiciones que podremos realizar, visualizando su desarrollo, soñando con cronos que nos estimulen ante las duras jornadas de zapatilla que nos esperan. Nos imbuimos de los ánimos con los que el resto de compañeros de camino también preparan estas citas atléticas.

Es por todo ello que antes decía que es época de “Soñar Despierto”.

Os deseo a todos, que disfrutéis de una fabulosa temporada, os respeten las lesiones, logréis todos los objetivos que soñéis en estos días y sobre todo que os divirtáis con esta afición, que acaba imponiéndose como una forma de vida.

¡¡ Nos vemos en los caminos y por supuesto en las carreras !!

martes, 22 de septiembre de 2009

Crónica de la "Media Maratón de Motril 2009" por Manuel Martos






Termino la primera prueba de la temporada con, digamos, unos cinco minutos por encima de lo que debería ser mi rendimiento si hubiera aprovechado convenientemente el tiempo de las vacaciones estivales. Mis siempre escasas salidas no suponen un entrenamiento de calidad, precisamente, pero se nota, se nota que llevaba un tiempo sin correr. ¡No puedo pretender hacer una buena carrera sin salir ni una vez durante la semana previa!


Motril casi me mata. Fatal la última parte, interminables los últimos kilómetros, cuando cada metro se multiplicaba por cien. Ya a partir del kilómetro diez supe que iba a ser penoso mantener un ritmo aceptable, simplemente el ritmo que antes del verano parecía que había digerido bien.


Esta vez no hubo grupo salvador sino grupo matador. Toda la carrera se resume en un intento por no alejarme demasiado del grupo de cuatro o cinco que parecía ser el mío. Ya desde el principio ese intento devino en una tortura psicológica que marcó mi carrera. Pasan las pruebas y parece que uno no vaya a aprender en la vida. Si alguien me lo preguntara, seguro que le diría acobardado aquello de "bueno, estoy empezando"... Porca miseria. Pero no sé qué leches quiero, si ni siquiera salí el sábado por la mañana, aunque fuese a soltar las piernas…


Camino de Motril me llevé el mp3, ahora que parece que definitivamente el reproductor del coche no consiente tragarse ni un CD más, para hacer llevadero el viaje de 115 kms. Conseguí del Soulseek un archivo con material japonés sesentero y setentero de tendencia sounshine-jazz-brasil que está dando mucho juego; quien lo haya recopilado tiene muy buen gusto. Del trayecto me quedo con los bloques de pisos pegados a la carretera de la travesía por La Marmolada, que le da cierta personalidad (no sé por qué me recuerda el paso por una población en un valle entre montañas, cuando no tiene absolutamente nada que ver). Llego a Motril, aparco en la rotonda de entrada y me dirijo fácil a por el dorsal.


Salida con retraso; problemas derivados, supongo, de la celebración en paralelo de una prueba del campeonato de España. Por una vez que quiero ponerme cerca de la línea de salida, para reducir los inevitables segundos perdidos al principio, y resulta que nos echan para atrás, dejando hueco para los pros. Allí, como sardinas, escuchando lo de “el roce hace el cariño”, con aroma a Réflex y con la certeza de que no me va a ir el pulsómetro por las interferencias de todos los que me rodean. Así fue.

“Pensando en reducir segundos en la salida”… ¡narices! Iluso de mí, inocente aficionadillo del tres al cuarto, ¿qué demonios me creeré, cuando no hecho nada para ganarme la mínima buena forma? Hay que trabajarla, hay que sufrir para mejorar, así que basta ya de quejas. Debo saber a qué atenerme.


Solamente que hubo un momento durante la carrera en que miré al suelo y me encontré con un escarabajo por delante que parecía empeñado en echarme un pulso. Y creo que me costó remontarlo y dejarlo atrás.


De nuevo la sensación de ir perdiendo fuelle al final, de verte adelantado por quienes han regulado mejor… ¿También me va a pasar esta chica del culo gordo? Tiro de orgullo en los últimos doscientos metros para terminar esprintando e impedirlo.


Al final, justo a cinco minutos el km; en el límite del descenso a una división inferior. Terminé cansadísimo. Me eché tres cervezas al coleto (sin alcohol, una light y ese engendro de la Shandy) mientras rumiaba mis sensaciones (entiendo a los que ahogan sus penas en alcohol; es patético). Pero mira, salí de allí con la determinación de mejorar como persona, que es el beneficioso efecto que sobre los tristes mortales tiene la contemplación de la belleza… en forma de chica rubia bronceada haciendo estiramientos; y por cierto que se parecía a Lolo Jones (en los mundiales de Berlín por TV esperaba para verla en cada nueva entrevista que hacía para Eurosport). Ahora sé que debo mejorar si quiero volver a encontrarme con ella. Y con el escarabajo.

domingo, 20 de septiembre de 2009

"Maratón de Berlín en directo", gentileza de Universal Sports

Para que podamos disfrutar del gran Haile, así como de nuestros compañeros que estarán haciendo un fabuloso papel por tierras germanas. Vaya desde aquí nuestro apoyo y enhorabuena por anticipado.

Podéis pinchar en el link que hay debajo y......a disfrutar!!:


http://www.universalsports.com/mediaPlayer/media.dbml?id=371259&catid=-2&sid=13048&db_oem_id=23000

martes, 15 de septiembre de 2009

"Los siete Berlineses" por Victor Bernier



Llegó la hora, un día marcado con ilusión en el calendario desde hace prácticamente un año, el 20 de septiembre, Maratón de Berlín 2009.

Muchos de los que me conocéis sabéis que mi afición por correr comenzó cuando conocí a mi vecino Blas. Yo hasta entonces me consideraba deportista pero conocer a una persona capaz de correr un maratón me causó admiración y curiosidad. Pronto empecé a correr y Blas me introdujo en el mundo de la competición. No fui el único de nuestros vecinos que se animó, también Carlos (exfutbolista) fue seducido por el atletismo de la mano de Blas… y otro vecino que ha empezado más tarde a correr es Pedro, que siempre amenazaba con que iba a empezar a correr y este año ya se ha puesto en serio con una progresión espectacular. A Daniel ya le conocéis de sobra. Es un amigo inseparable de Blas desde que competían en bicicleta de niños, una persona sin límites capaz de sacar de sí mismo lo imposible estando lesionado o sin entrenar (imaginaros como va ahora habiendo entrenado bien!). Y las últimas incorporaciones al grupo de Berlín son Cristian y Dani (Dojo). Cristian lleva corriendo algo menos que yo, creo que empezó el año pasado pero es una persona muy dotada para el atletismo y lleva un año para enmarcar: batió marca en media maratón, corrió Maratón de Sevilla, la 101 a pie, hace un par de meses subida al Kilimanjaro y ahora maratón de Berlín. Protesta un poco porque no se ve en su mejor forma, pero Cristian, ¿sabes el año que llevas?... Dojo es caso aparte. No he visto un corredor más elástico y ágil en su zancada. Siempre llega entre los primeros en las carreras de la Diputación y tiene un ritmo superior a los demás (aunque con el permiso del otro Daniel y de Blas últimamente).

Hemos entrenado juntos desde hace unos 3 meses. Blas ha sido nuestro comandante, nuestro maestro. Es una persona con mucha experiencia en el atletismo que además no olvida nunca darnos consejos, reprimendas y motivación para mantener la cohesión de todo el grupo. Los más “perezosos” hemos protestado en algún entrenamiento duro: esas tiradas a Pinillos desde la Zubia haciendo series de pulso (hablamos de tiradas de 30 km), esos 8 tresmiles, esos 6 cincomiles (bueno, para alguno fueron 4),…. Pero al final de un entrenamiento así solo puedes decirle a Blas: Gracias por enseñarnos a entrenar.

El maratón de Berlín es uno de los 5 grandes junto a Nueva York, Londres, Chicago y Boston. La organización hasta el momento ha sido impecable, enviándonos un e-mail semanal desde hace 3 meses advirtiéndonos de cómo debían estar yendo los entrenamientos, la alimentación, etc, aparte de informarnos de todos los servicios que encontraremos a nuestro alcance. El recorrido es muy favorable, en los 2 últimos años Haile Gebreselassie ha batido el récord del mundo en Berlin y en esta edición estará de nuevo en la línea de salida dispuesto a batirlo por tercer año consecutivo. También correrá un keniata que tiene la mejor marca del año en maratón, terminando la distancia en Rótterdam con sólo 29 segundos por encima del récord del mundo. Junto a ellos 40.000 personas más correremos para disfrutar de lo que nos gusta en un escenario soñado. 1 millón de personas y 70 bandas de música en directo estarán animándonos durante todo el recorrido. Los pronósticos del tiempo también parecen buenos y la compañía del grupo sensacional. ¿Qué más se puede pedir? Una buena marca supongo, pero no quiero hablar de eso, solo deciros que más de uno del grupo bajará de las 3 horas y alguno estará en las 2:50. Buena suerte a todos!.

viernes, 11 de septiembre de 2009

LA REALIDAD DEL CORREDOR DE FONDO -Por Javi



Esta mañana temprano, aprovechando un magnífico día rojo en el calendario de estas tierras del poniente donde ya resido, me he tumbado en la playa. Ni un rayo de sol, ni una sola sombrilla en más de 4 kms de litoral. Viento llevadero, si acaso. Me he dispuesto a sumergirme en la Antigua Grecia que magistralmente relata Javier Reverte en su Corazón de Ulises y, entre capítulo y capítulo, cerrar los ojos y escuchar el sonido del mar. Claro que apenas una hora antes ya me había devorado 18 duros kms en compañía de mi infatigable compañero Salva, lo cual había dejado un poso en mis piernas difícil de olvidar por unos minutos. Claro que esta rigidez muscular y este sutil y placentero cansancio no es fruto de un día. No he podido concentrarme en las deidades griegas pero sí escuchar el susurro manso de un mar hoy ennoblecido. Y me reafirmado en una convicción: se acabó la vida contemplativa, el magnánimo asueto y la fatídica autocomplacencia de “Es que estamos en verano…”. Se acabó el relax y comienza la temporada de un corredor. Esta semana ya me he topado con la realidad del corredor de fondo.


Tras un período estival en el que ni por asomo he dejado de correr -de hecho he llegado a acumular 85 kms por semana en dos ocasiones-, llega el sufrimiento. De nuevo. Volvemos a las zancadas largas, las series, las cuestas, el resuello ahogado, el rechinar de dientes, los vientos huracanados, los mil pequeños dolores -algunos no tan pequeños- y finalmente, los dorsales. Es hora de despertar a este adormecido cuerpo y recordarle que hace años eligió el sufrimiento como medio para lograr placenteras satisfacciones a medio y largo plazo. Amigos, es hora de entrenar. Poco a poco, con sangre fría, de manera progresiva hemos de concienciarnos de que las pruebas que tanto nos gustan están a la vuelta de la esquina. ¿Quién no va subir al Conjuro este año? ¿Quién no quiere rebajar un par de segundos si acaso a su marca en media maratón? Y lo más gordo, a la vuelta del año: MARATÓN. Todavía me da escalofríos esa palabra, pero nada, al toro por las astas.


En apenas 10 días, Salva, Manolo y servidor ya nos hemos recargado las pilas. Hemos hecho un duro circuito Oberón, consistente en rectas de 100 metros a tope, y entre cada una de ellas insertamos algún ejercicio de fuerza, ya sean sentadillas, flexiones, abdominales, multisaltos…; hemos hecho series de repeticiones de cuestas cortas (50 metros) para coger explosividad y fuerza; hemos hecho duros miles en cuesta, ¡a 3’50’’!, bajando la cuesta en dos segmentos: dos minutos lentos y otros dos alargando la zancada. Finalmente, hoy hemos rodado en un circuito que poco tenía de llano unos 18 kms. Hemos inyectado veneno al cuerpo, tan fofo, tan… flabby, que aunque es una palabra inglesa, siempre me ha transmitido a la perfección la sensación esa que alguna vez todos sentimos, cuando estamos despanzurrados en el sillón, apáticos, blandos y lentos…


En fin, que aunque el otoño transforme lo verde en amarillo y rojizo, nosotros vamos a invertir la lógica y lo que durante el verano ha estado de un tono amarillo parduzco lo transformaremos en un precioso verde intenso que de una vez por todas se instale en nosotros, para no dejarnos. Al menos durante 9 meses.

jueves, 20 de agosto de 2009

"Entrenar o no entrenar" por Jesús Lens


ENTRENAR O NO ENTRENAR.........

¡Esa es la cuestión!

Resulta irónico que la gente, mis amigos y quiénes algo me conocen, alaben mi fuerza de voluntad por salir a correr casi todos los días.

¡Almas de cántaro! ¡Inocentes!

Yo salgo a correr todos los días, a eso de las tres y media de la tarde, precisamente porque soy un vago, un disperso y un irredento procrastinador y, si al llegar a casa después de trabajar me aposento en el sofá, ya no me levanta de allí ni una grúa hidráulica: me engancho al portátil, pongo un disco, una película o me rodeo de libros y revistas... y hasta el día siguiente.

Pero me gusta correr.

Empecé a correr por una mera cuestión de salud: corría para quemar calorías y, de esa manera, poder comer todo lo que gusta... sin engordar más allá de lo razonable.

Pero luego me convertí en adicto. A correr. Lo que no es excluyente con ser un vago redomado. Porque no me gusta entrenar. Me cuesta Dios y ayuda. Y me da miedo. Lesionarme.

El martes pasado debería haber corrido. Pero tenía los gemelos acristalados, tras haberme pegado un trote desmedido el domingo anterior, de 24 kilómetros, algunos de ellos en sana y dura competencia con un pata pelá. Y fui prudente. Algo que no suelo ser. ¿O cobarde?

Me da miedo lesionarme y no poder salir a correr. Romper esa rutina que tan buenos resultados me da. Por eso me asustan las series, los entrenamientos en cuesta y demás exigencias a las que, para mejorar, debería someter a mis maltrechas piernas.

En mi rutina diaria, como la ducha o el lavado de dientes, está el correr. Sin correr no me siento yo mismo. Para escribir, para pensar y para ser feliz, necesito correr. Y, por eso, precisa y paradójicamente, ¡porque me gusta correr! no fuerzo, no me exijo y no me entreno como debería.

Y por eso, este año, tras la Maratón de Sevilla, apenas si he vuelto a competir. Competiciones en las que tu único enemigo eres tú mismo o, a lo más, el cronómetro. Pero ni por esas. La Maratón me dejó tan tocado, físicamente, que le vi las orejas al lobo. Y me dio miedo.

Por eso he seguido corriendo estos meses. Como siempre. Unos días más fuerte, los menos; y otros días más flojo, la mayoría. Y por eso sigo saliendo, casi siempre, sin reloj, sin pulsómetro, sin GPS. Sólo las zapatillas, el asfalto y yo mismo.

Además, y por respeto, apenas si he salido con Las Verdes, lo que me da mucha pena ya que, además de lo puramente deportivo, había muchos lazos afectivos que se estaban fraguando en ese fantástico grupo.

Y ahora que termina el verano, que vuelve la competición y que las Medias Maratones de otoño asoman en el calendario, me vuelvo a plantear la dichosa cuestión: ¿entrenar o no entrenar?

Jesús Lens, atlético-hamletiano.

lunes, 3 de agosto de 2009

ANTONIO EL MALVERDE (Con el permiso de Jesús Lens)

Al igual que vosotros, siempre he intentado ser un buen verde y creo que en parte lo había conseguido, no tanto gracias a mis méritos como a la benevolencia de nuestras reglas: que te gusten las verdes, esas cervezas Heineken que se tronaron en Alhambra 1925 con el fin de aumentar la dosis y acercarnos un poco más al terruño, y que disfrutes corriendo; solo o en compañía de los demás miembros del grupo. Pues bien, como decía, he puesto mucho empeño en cumplir con los requisitos del grupo, identificándome con las verdes y con sus buenas costumbres. Pero de un tiempo a esta parte, no sé, no me encuentro tan verde como antes, empiezo a sentirme un malverde (que bien mirado si Jesús Lens, como el mismo dijo, era un malverde esta nueva categoría no puede ser tan mala)


Para ser sincero, el primero de los síntomas vino de la mano del líquido elemento. De un tiempo a esta parte las 1925 han abandonado mi paladar, no, no es que no beba cerveza, lo que pasa que ahora vienen en un vaso de medio litro y tienen nombres infieles, y pese a dejarse beber con cierta facilidad hay que reconocer que en nada se parecen a nuestras 1925 (mientras escribo esto el recuerdo de una verde congelada se viene a mi mente y estoy como los perros de Pavlov). Además de un tiempo a esta parte, también, he abandonado la disciplina verde, ya no corro con el grupo. Pero el último de los elementos que me hacen ser un malverde es la infidelidad manifiesta. Sabéis que siempre he sido fiel a las verdes, a excepción de esa semiescesión representada por el grupo mañanero. Pues bien, me alegra comunicaros que ahora y hasta marzo de año que viene soy oficialmente un Headinton Road Runner de número.


Después de esta pequeña introducción os voy a contar qué tal mi experiencia con estos corredores. A pesar de que conocía su existencia de la última vez que estuve aquí, problemas de logística me impidieron unirme a ellos. Este año vivo a 200 metros de su lugar de reunión y no iba dejar pasar la oportunidad. El jueves pasado fui al centro deportivo desde donde comienzan sus rutas dispuesto a plantarme allí y decirles: Jau, corredor español desear unir vuestro grupo, aceptarme queréis. No, mi inglés no es tan malo. Estando allí con tiempo de sobra vi a un señor mayor (mas de 65) con la camiseta del club, me acerqué a él y fue muy agradable, me presentó al resto del grupo y me estuvo comentando algunas cosas del club: que son más de 300 corredores y que ahora mismo hay dos tipos de entrenamiento porque muchos de ellos están imbuidos en la preparación de un Maratón que hay aquí cerca. Aquel día, aparecieron más de 100 corredores por allí. Imaginaros, casi 100 corredores (y corredoras) que quedan todos lo jueves para tomar Oxford al asalto de zapatilla. Primero calentamos, se comentaron las próximas quedadas del club: series, tiradas de 27 Km para preparar el maratón y tiradas de 16 Km para el domingo. Tras esto se establecieron los grupos según ritmo y salimos al asalto. Yo, queriendo ser cauto, me quedé con los que iban a 5.30, prefería tomar contacto tranquilamente y aprovechar para charlar y enterarme de más cosas del club. Antes de salir nos hicimos una foto todos juntos; lástima que aún no esté colgada.


Lo pasé muy bien, el paso era excesivamente tranquilo pero me permitió charlar con muchos de ellos y disfrutar de los parajes que atravesamos; puro bosque y barro, por momentos parecía más un cross. Al terminar me tomé una cerveza en el club y charlé con algunos de ellos. De esta forma me enteré de en qué consistía su rutina de entrenamientos, quedando emplazados de nuevo para el domingo.


Esta vez habíamos quedado a las afueras de Oxford, con lo que además de correr me metí unos 15 Km de bici. Se presentaron cuatro corredores y tres corredores, contando conmigo, y tras las presentaciones salimos bordeando el Támesis. Fue una verdadera gozada, los parajes eran asombrosos, parecían los lugares donde se rodó Robin Hood, me sentía como Morgan Freeman cuando decía: sólo en mis sueños he visto lugares como este. Era bosque y naturaleza en algunos tramos la oscuridad casi nos envolvía pese a la amplitud del camino. Colinas arboladas sobre las que se divisaba el rio y la campiña inglesa y al fondo, imitando las copas de los árboles, las agujas de Oxford. Además Ian, el guía conoce perfectamente la zona y su historia, por lo que nos contaba, mientras corríamos, las historias de cada lugar, incluida la de la pequeña aldea que atravesamos. Si alguien quisiera conocer Inglaterra en su esencia no debería dejar de visitar estos parajes. Para mi fue una bonita experiencia, por un lado conocía mejor la región y su historia, me permitía relacionarme (algo que ya sabéis que no me va) con gente nueva, además en inglés y encima de todo corriendo. Me daba igual que el ritmo no fuese muy alto, al final salieron 15.5 Km a 4.50, lo importante era lo demás. Pero bueno, no os vayáis a pensar que todo es salir a rodar como un pisaparques cualquiera, me sigo metiendo ritmos altos; hoy sin más un farlek, total 13 km saliendo la media a 4:20.


Bueno amigos espero que extendáis mi infidelidad con las verdes y me recibáis a la vuelta, a ser posible como al hijo pródigo, puesto que aunque haya cambiado de grupo lo que más me gustaría sería poder compartir estas rutas con vosotros, si bien al terminar tuviésemos que destilar unas cuantas pintas de cerveza en vez de nuestras 1925.




Un fuerte abrazo de Antonio el malverde.


jueves, 30 de julio de 2009

MADRUGÁ (Por Javi)


“McCandless consideraba que correr era un ejercicio espiritual intenso, rayano en lo religioso […] Chris solía decirnos que pensáramos en la maldad que hay en el mundo, en el odio, y que nos imagináramos que corríamos contra las fuerzas de las tinieblas, contra un muro de maldad que impedía que rindiéramos al máximo.”

“La confusa carga que comporta la vida cotidiana –los descuidos y olvidos, las facturas sin pagar, las oportunidades perdidas, el polvo debajo del sofá, la inexorable dependencia de los genes –queda olvidada temporalmente, borrada de tus pensamientos por la arrolladora claridad de la meta”.

JON KRAKAUER, Hacia Rutas Salvajes



Preciosa. La Alhambra al alba. Los sentidos en plena ebullición.





No puedo dejar de emocionarme. Unas horas después de haber regresado de mi entreno matutino de hoy me encuentro con que el personaje principal del libro que estoy leyendo era un apasionado de correr, “una actividad que recompensa más la voluntad y la determinación que la astucia o el ingenio”. Seguramente yo jamás habría podido acometer las utópicas y temerarias empresas que Chris McCandless llevó a cabo a principios de los años 90; sin embargo intuyo que a Chris le habría gustado levantarse a las 5.30 am para subir al Llano de la Perdiz. Porque se trata de algo más trascendental que un entrenamiento o una voluntariosa e incluso tiránica rutina de un loco del correr. Es una determinación, es una búsqueda de sensaciones infinitas, es una experiencia sensorial que bien merece robar unas horas al sueño.



Cuando uno decide salir de la cama a esas horas sin ningún asunto oneroso que te obligue a hacerlo es porque detrás de la actividad en sí se esconde algo muy poderoso que trasciende lo trivial. No madrugo para hacer cuestas, mejorar mi forma o quemar los excesos gastronómicos de los últimos días. Madrugo para contemplar el mundo desde otra óptica, para entender el orden de las cosas, para convencerme de que la ciudad dos horas más tarde es una falacia. Para encontrar la belleza, el misterioso cambio de las luces del cielo.



Mientras atravieso corriendo las calles de la ciudad uno parece redescubrir callejones, avenidas y edificios. La ciudad duerme; yo la reinvento. Lugares por donde cientos de veces he transitado parecen perder su identidad. Cobran nueva vida, nuevos olores y tonalidades. Los escaparates y los rótulos languidecen, al tiempo que los caminos se iluminan. Cuanto más se adentra uno en el corazón de la ciudad, más inevitable es entender la naturaleza de McCandless: se trata de una huida, sí, pero hacia adelante, en busca de la certeza de la belleza. Cuando ya enfilo el Barranco del Abogado, siento que las luces parpadeantes que me preceden son innumerables hálitos de victoria. Me embarga una extraña felicidad que crece paulatinamente. Tras dejar atrás el cementerio de la ciudad y adentrarme por los todavía oscurísimos senderos que me conducirán al Llano, de repente tu alma se siente en paz. No hay luz física, pero tu interior parece relucir por momentos. Asciendo por el cortafuegos con un ahogado y constante jadeo, con el corazón bombeando a plena máquina, con los poros abiertos y los cuádriceps como rocas, el éxtasis está cercano.






Llano de la Perdiz. Misterioso bosque que se despereza.

A las 7am aproximadamente he alcanzado la cima. Desde allí se divisa el orden: entiendo la orografía, comprendo la ciudad, las autovías y las largas avenidas, aprecio los edificios que dos horas más tarde me resultarán horribles. Me entiendo a mí mismo. No acierto a describir lo que siento: olores, colores y sonidos imposibles de apreciar en otro momento. Desciendo, eso sí, prolongando la magia por caminos que irradian un misterio moribundo: el día despunta. Atravieso el recinto exterior de la Alhambra, con una vegetación y un frescor que seductoramente me envuelve. Regreso por una ciudad que adquiere nuevos matices, aceras y asfalto que no me reconocen. El embrujo apenas ha durado hora y media pero con una intensidad y una fuerza brutal. Todo ha terminado pero consigo reafirmar mi voluntad de repetir la experiencia todas las semanas. Solo o en compañía de Los Guerreros de la Madrugada, esto es algo que absolutamente todo corredor debería probar.

sábado, 18 de julio de 2009

UP & RUNNING (por Antonio desde el exilio)

Eso fue lo que pensé esta mañana al despertarme, los rayos del sol se filtraban por las ventanas de la boardilla donde habito y cosas como estas no se pueden dejar escapar. Sí, hoy por primera vez desde que llegué lucía un sol esplendido y la temperatura era de unos 18 – 20 grados. Al salir me di cuenta de que había muchas nubes pero que estaban lo suficientemente dispersas para no suponer un problema. Salí con la cámara y el camelbak dispuesto a hacer unas fotos para una entrada en las verdes. Al bajar las escaleras, vi que uno de los compañeros de piso calzaba unas Kayano 15, suficiente para comenzar una conversación en torno al correr.



Atravesé Iffley Road y enseguida llegué al río; no puedo dejar de marvillarme ante la belleza del paisaje del Isis a su paso por Oxford. Deseoso de compartir mis sensaciones le pedí a un inglés que me hiciera una foto para colgar en el blog.





Había decidido hacer una ruta nueva, conocía el río de mi estancia anterior pero esta vez quería recorrer el Canal de Oxford; que conecta con Coventry con sus más de 115 Km. De esa forma tuve que dejar el río y atravesar el centro de la ciudad. En estas fechas parece un nido de turistas niñatos. Por cierto, lo más puercos, peor educados, más escandalosos y más sumisos de la moda: los españoles. Por primera vez en mi vida he sentido cierta vergüenza de ser español y que alguien me pudiese comparar con ellos



Tras esta experiencia he llegado al canal y ahí he vuelto a disfrutar. Éste queda fuera del circuito turístico de Oxford y nuevamente gente paseando, en bici o corriendo eran mis compañeros. Así me he ido alejando de la ciudad y viejas carboneras, convertidas en casa flotantes aparecían amarradas o navegando por el canal. Las obras de ingeniería del XIX no dejan de maravillarme, con sus compuertas y sistema de vasos comunicantes para salvar los desniveles del río.



Seguí así durante unos 5 Km, cruzando los túneles que los múltiples puentes tendían. Me seguía alejando de la civilización y la vegetación cada vez era más exultante. Pensaba en mis amigos de las verdes ¡Qué buen paisaje para nuestro nombre de guerra!



Al final unas obras cortaban el camino y tras haber recorrido unos 8.5 desde mi comienzo me volví, disfrutando mucho, ahora sí, del sol resplandeciente en el agua

Dedicado a mis amigos de las verdes, allegados y a los valientes del grupo mañanero.



lunes, 13 de julio de 2009

¡¡ NO PODRÁS CONMIGO!! .... por Alejandro Corpas



Alguna vez he escrito en este magnifico blog y algunas otras veces he comentado con varios miembros de Las Verdes, que mi política en el deporte es disfrutar y nunca sobrepasar la fina línea que separa esta forma de entender las competiciones y la obsesión por mejorar los cronos. Claro está y no me voy a engañar, ni engaño a nadie que cuando se disfruta más, es cuando mejoramos.
Pero en mi caso, después de una condromalacia rotulania que trajo tres meses de parada deportiva en 2008 (nada de correr, nadar o pedalear) y un bocado importante en los ahorros (médico, fisio, plantillas y medicinas), decidí asumir que mi futuro no pasaba por la calidad, sino por la cantidad. Así desde mi recuperación allá en Mayo de 2008, hasta este Mayo de 2009, he realizado varias carreras de 10.000 de la Diputación, una Nocturna de Granada, cuatro Medias (Motril, Granada, Sevilla-Los Palacios y Málaga) y los 101 Km de Ronda en Mtb. Tiempos muy discretos, pero todas las pruebas superadas satisfactoriamente y sin la menor molestia. ¡¡ Contentísimo ¡!, planeando objetivos más ambiciosos….

Pero amigos, de repente un día, dolorcito en la rodilla y empiezan los temores de nuevo, pruebas a trotar y nada. Pruebas a pedalear sin resistencia y regular, nadar si se puede, pero siempre que muevas mucho las piernas….Físicamente lo pierdes casi todo en muy poco tiempo, pero psicológicamente, ¿Qué pasa con la recaída?. Ves que todo lo realizado hasta ahora no ha servido de nada, y en mi caso, me ha obligado a replantearme esta forma de vida, dedicarme a realizar deporte de forma más liviana, dejar de participar en carreras, abandonar mis objetivos de Maratón, 101 a pie ó Triatlon y Duatlón…. ¡¡¡ Claro me lo he replanteado, pero no lo he aceptado. Me he sentado conmigo y con mi rodilla un par de veces y hemos hablado cara a cara y desde luego no voy a dejar que una jodida rodilla izquierda me amargue ¡!! y me quite esas mariposas en el estómago, esos madrugones el Domingo, esos viajes de fin de semana, esos planes, esa indescriptible satisfacción cuando llegas a meta y el orgullo de tus padres y de tú chica, cuando entras en meta y te saludan…. No, eso supera toda dolencia. Lo tengo clarísimo.

Ahora bien, un buen competidor también sabe cuando parar y así que llevo una semana sin correr y sin pedalear, dedicándome a nadar, a hacer pesas y tratarme con hielo y cremitas. Un esfuerzo psicológico, que todos los que nos hemos lesionado hemos aprendido a base de decepción e ilusión. Cuando es una recaída el esfuerzo es mucho mayor.

Echo de menos ponerme mis zapatillas, sudar, correr kilómetros. Coger mi cabra y subir al Sotillo, a Calialfaqui, al Llano de la Perdiz, a Quentar…… Te echo mucho de menos, pero espérame. Volveré, te lo juro volveré y llevaremos a cabo lo planeado. Pero, como dice mi abuelo: “pacencia”.

Quizás todo este peñazo de “relato” se puede resumir en que el deporte engancha muchísimo, mejorando aspectos físicos, pero también psicológicos, puesto que superar estos baches te ayudan a superar otros baches de la vida. Nos obliga a ser realistas y a tomar conciencia de nuestro potencial y nuestras posibles mejoras, nos ayuda a relacionarnos con diferentes personas que tienen una misma filosofía de vida y nos permite ser felices y hacer felices a quién nos rodea.

PD. Hace unos días un corredor pro de media distancia ya retirado, que había participado incluso a nivel Europeo en la selección de su país, me dijo que el no tenía el impulso de correr si no era para ganar. Es un chico muy simpático, pero me dio pena, pues nunca probará las mieles de la esencia del deporte amateur.


Saludos de Aleandro.

martes, 30 de junio de 2009

"Pasión por el Deporte: SALVA ESCOBAR" (Por Javi)

No es habitual individualizar en nuestra bitácora, pues en esencia se trata de una idea colectiva y colaboradora. De hecho, creo que nunca nos hemos centrado en la figura de ningún corredor en particular, ni popular ni de élite. Esta vez quisiera hacer una excepción. Permitidme que os presente a Salva:


Salva y servidor. Un día cualquiera en Almerimar...

Salva es, en líneas generales, un apasionado del deporte: carrera a pie, natación, ciclismo, otras disciplinas indoor, etc. Pero ante todo, se trata de un gran tipo. Una persona sana en todos los aspectos, riguroso, puntual, disciplinado, no exento de meticulosidad, si bien es de fácil y agradable trato. Atleta del club ejidense Chino-Chano, ejemplifica el perfecto compañero de fatigas, esa compañía que tanto se necesita en días en que no apetece salir a correr, en intempestivas tardes huracanadas o cargadas de sofocante humedad. Cuando el ánimo y el cuerpo están bajo mínimos y el entreno diario más parece un tormento que un placer, ahí emerge la figura del compañero con el que intercambiar impresiones, desahogarte o simplemente reirte para hacer el trayecto más llevadero.


A principios de septiembre, recién mudado a Almerimar, literalmente busqué a alguien para correr. Moví los hilos necesarios, hice llamadas, pregunté aquí y allá y se me abrieron varios frentes. Tenía que decidir por dónde ir, a quién pegarme, a sabiendas de que corría el riesgo de toparme con corredores eventuales, de esos que tienen mil y una excusas para dejarte tirado a la primera oportunidad. Yo buscaba y necesitaba continuidad, constancia para mis entrenamientos, cosa que no es nada fácil cuando cada año inauguras un nuevo lugar de residencia, con nuevas amistades y nuevas rutas. Encontré a Salva y desde entonces han sido muchas las tardes de entrenamiento compartidas, muchas zancadas por la costa de Balerma y muchos metros ascendidos por la sierra de Gádor, por no hablar de las series; sesiones de entreno que ya han quedado grabadas en la retina, tardes de inmenso sufrimiento y placer simultáneos: ¿recuerdas esos 20 x 500, esos 10x 1.000, esos 4x 4.000?

Gracias a él, a sus “rodajes alegres”, pero sobre todo, a su compañía, alcancé mi mejor pico de forma, mis mejores marcas y mis mejores sensaciones. Por supuesto, para llegar a ello trabajé duro, me esforcé con un rigor y una disciplina casi estoica, pero sé con certeza que no lo habría logrado corriendo solo. Pero como os decía antes, Salva no falla. Un escueto sms diciendo “a las 7 donde siempre” o un “OK” de confirmación han valido durante todo este tiempo para saber que ahí nos encontraríamos, que no correría solo y que la sesión se haría mucho más amena.

Sin embargo, la mejor conclusión de todo esto no es que consigas un compañero para correr, sino que esa figura se convierte en un amigo, alguien a quien parece que conociera desde hace años y con el que compartes vivencias y momentos muy gratificantes, sin excluir algunas verdes que otras. Además, me alegra sobremanera repetir curso escolar el año que viene en el mismo lugar, entre otras razones porque a partir del 1 de septiembre allí estará, seguro, en los “aparcamientos”, estirando, o haciendo abdominales en el paseo, Salva.
¡Compañero, ánimo! Te mereces este pequeño homenaje. Nos vemos en septiembre.

viernes, 26 de junio de 2009

"De vuelta a las andadas" por Abel




Hace unos días, cayó en mis manos, de manera casual, la imagen que abre la entrada de hoy. Y lo cierto es que, nada más verla de un vistazo, creí que se trataba de una simulación de todas las zonas del cuerpo, que antes, durante y tras la carrera, acaban provocando dolor en el corredor. (Una observación más detenida me hizo caer en la cuenta de que en realidad se trata de ejercicios de estiramiento, que tampoco están exentos de dicho dolor)

Y es que como bien sabéis, estoy tratando de retomar la forma física perdida, por los excesos gastroenólicos de los últimos meses, unidos al sedentarismo que en cuanto uno se descuida, acaba presidiendo nuestras vidas.

Si correr ya de por sí supone un esfuerzo considerable, que acaba sometiendo al organismo a padecimientos físicos, que el resto de mortales no corredores, no acaba a alcanzar, la idea de "comenzar de nuevo" todo el proceso de entrenar, hace que te plantees la opción de salir a la calle, con anestesia general.

Por hacer un breve recorrido anatómico, de las zonas del organismo expuestas al dolor, podemos comenzar por los pies, que desde uñas moradas por el derrame, hasta arrancadas literalmente, abren un universo de "placeres sado-masoquistas del corredor de fondo".

A continuación pasamos al talón, como el de nuestro Aquiles particular (prodigio de desorden anatómico de la caprichosa naturaleza, que realizó fracasados ensayos con sus talones) para ir surcando la planta del pié con nuestra querida, y a menudo eterna fascitis.

Iremos ascendiendo por el tobillo, no sin antes recordar sus torceduras y daños tendinosos en el Aquiles, hasta llegar vía espinillas, gemelos y soleos, emboscados siempre a la espera de "cazar desprevenido" al Compae Flores.

Y, por fin, llegamos a mis odiadas rodillas, impenitentes compañeras en el dolor pre, durante y post ejercicio. Tienen la particularidad de ser capaces de provocar dolor y malestar en su parte interna y externa, delantera y trasera, y por supuesto lateralmente.....¡¡vamos, unas joyas!!

Antes de alcanzar las caderas, que no solo sirven para emplazar las cartucheras de las mujeres, sino que pueden dejar en la estacada al implacable Daniel, pasamos por los cuádriceps y bíceps femorales, siempre cargados y siempre pendientes de estirarlos lo suficiente.

Ya estamos en el tronco y aquí se despliega toda una pléyade de dolores, desde el popular flato en uno, otro o ambos costados, hasta los retortijones de intestinos (a veces clamando por vaciarse, luchando implacables contra los esfínteres y apoyados por la fuerza de gravedad.....¡¡Gracias Newton!!), dolor de estómago, acidez,etc.

Hasta llegar a los hombros, cuna de algunos dolores por sobrecarga, tenemos la columna vertebral, capaz de producir dolor a todo lo largo y ancho de sus 75 cm, tanto de pié como sentados o tumbados, en reposo o en movimiento, ascendiendo o descendiendo pendientes.



Así que despues de este somero repaso, de todo aquellos puntos donde os puede doler y, con seguridad, os dolerán cuando os echeis a esos caminos de Dios a quemar "alpargata", os dejo para darme mi dosis de analgésico por vía tópica así como oral.

Tan solo espero no haber provocado en vosotros, con este alegato del deporte como forma de vida sado-masoquista, un terrible "DOLOR DE CABEZA", que solo faltaría eso.

Saludos!!