El pasado año participé en la prueba que encabeza este post, y lo pasé mal, realmente mal. Principalmente porque no estaba en mi mejor condición física, pero también por las condiciones que la propia carrera ofrece.
Trataré de contar mi propia experiencia en la Prueba del Melocotón, fruta con la que se obsequia a todo aquel que completa el recorrido propuesto.
Por si hay algún despistadillo por ahí, os incluyo el perfil y lo comento:

Llana, lo que se dice llana………..no es!!
Y es que nada más sonar el disparo de salida, te suben, bueno más bien subes tú solito, aun con las piernas algo frías, a lo más alto de la localidad. Imagino que habrá buenas vistas desde allí, aunque cuando el pasado año alcancé dicho balcón, la sangre parecía querer agolparse toda entera en las piernas, así que la vista se hallaba algo nublada y con el corazón desbordado, tratando de salirse por la boca, y ojo, que casi lo logra.
A continuación, descenso hacia la salida de Guadix y te encaminas por la carretera hacia Purullena, bonita localidad de la comarca, que te da la bienvenida a su término municipal con una cuesta que, solo con verla, te duelen las piernas y hasta el alma. Te parece interminable e inaccesible. La ves llegar desde lejos, con esa hilera de corredores que te preceden, imagen que más parece la “cuesta de los presidiarios” que una prueba atlética.
Ahora sí, descenso vertiginoso y entrada triunfal en Purullena, como caballos desbocados, aprovechando la inercia del descenso. Durante unos kilómetros eres consciente de que te estás alejando de Guadix, así que cuando por fin la orientación hace que vislumbres el rastro de la meta, la panorámica se vuelve dual y terrible, pues por un lado te sobrecoge la magnificencia de la torre de la Catedral accitana, pero eso sí, alejadísima de nuestra actual situación. Por tanto nos quedan unos kilómetros que ponen a cada uno en su sitio. Rectas interminables, con el sol dando plenamente de cara.
Es en este momento es cuando el corredor sufre un proceso de introspección, sumido en sus propios pensamientos, jalonados de jadeos, dolores múltiples, buscando fuerzas donde tal vez ya no las haya. Ahora eres consciente de lo que las cuestas que “decoran” el recorrido han hecho con tus piernas. Es ahora el momento de poner el piloto automático y enfundarte el mono de trabajo en esto del correr y sufrir.
Por fin encaras las calles de la población, y esperas al aliento del público haciendo un pasillo por donde trascurran los atletas, que te aporte el resorte necesario para poner digno colofón a esta prueba. Y en efecto, esperas, el apoyo del público, y esperas y esperas……… pero éste no llega y eso ocurre porque las calles están desiertas. Piensas que tal vez éste se agolpe, en las inmediaciones de la meta, y con esas ideas acometes alguna revuelta callejera antes de llegar al km 21.
A los pies de la Catedral, sabes que solo unos metros te separan de la ansiada llegada, y es ahí donde hallas los gritos de ánimo por parte de tu familia y amigos, y las familias y amigos del resto de participantes, porque lo que se dice público local no se ve, o al menos yo no vi, todo sea que mi mente se quedó sin alimento y esa parte se borró misteriosamente.
Cruzas la meta y en ese mismo instante, eres consciente de la dureza de la Media y juras y perjuras que ni por recorrido, ni por paisaje, ni por ambiente del público volverás a repetir esa prueba.
Y cuando quieres darte cuenta ha pasado ya un año y…….llega octubre de 2009 y …………….
…………. este domingo, si todo va bien volveré a correr la Media Maratón de Guadix, porque no quiero que una carrera me venza, no quiero rendirme sin pelear. Por supuesto que no es una prueba para hacer marca, pero sí una carrera para pedir ¡¡Venganza!!














