Antes de leerte todo el tostón que me ha salido, porque me ha salido un tostón de narices, mira el lado derecho de la página. Verás que hay una encuesta para elegir el día de la comida - cena de Navidad. Y es que como hay personas que pueden venir un día y no otro y viceversa y no quiero ser yo el que lo elija a mi libre albedrío propongo la democrática solución de una votación.
Por favor sobra decir que todo aquel que no vaya a venir a la comida - cena se abstenga de votar.
Y ahora si, aquí está el tostón.

Al pasar frente al Carrefour el domingo por la mañana camino del Zaidín sentí como se me formaba un mudo en el estomago pero lejos de ser una sensación dolorosa se transformó en una sensación placentera que se extendió por todo mi cuerpo.
Unas horas antes recién acostado y en la oscuridad de la habitación pensaba en la posible marca que podía realizar: “Bajar de 1h35’ sería una marca cojonuda; bajar de 1h30’ sería la leche. Bueno, mejor me duermo y mañana ya se verá.”
Nada mas llegar a la zona desde donde empezaría la carrera recibí la llamada de Javi indicándome donde se encontraba y allí me dirigí para ver a los compañeros antes de la carrera y poder intercambiar impresiones. Fue entonces cuando Javi me pregunto:
“¿Cómo te encuentras?”
“Estoy nervioso” le contesté
“Eso es bueno, seguro que lo haces bien”
Después de hablar un poco con Mario y con Salva y saludar brevemente a Cristian, Blas y a Daniel I el Grande cada uno se dirigió a terminar de “acicalarse” de cara la batalla que no esperaba.
Había elegido pantalón y camiseta corta pese a que el día había amanecido bastante frío aunque prefería pasar un poco de frío al comienzo que sentirme agobiado a mitad de carrera así que nada mas despojarme del chandal que llevaba sobre la ropa de la carrera empecé a calentar para entrar en calor. Ya junto al estadio encontré a Gregorio y a José Antonio con los que intercambié breves impresiones ya que el día no estaba para estar mucho tiempo parado así que continúe calentando ya junto a Mario y a Javi.
Al poco nos dirigimos hacia los cajones de salida donde busqué colocarme en una zona intermedia con el fin de no perder mucho tiempo en la salida teniendo que adelantar a todos esos tipos que, no sé por qué, se colocan en primera fila sabiendo que no van a hacer otra cosa mas que estorbar.
Y entonces sonó el disparo y todos empezamos a correr. Había decidido correr a pulso, es decir, fijarme un intervalo de pulsaciones e intentar mantenerlo durante toda la carrera, algo que hice en La Ragua y me dio buen resultado pero enseguida me di cuenta de que manteniendo las pulsaciones en ese intervalo no alcanzaba el ritmo que quería para bajar de 1h30’ así que decidí apretar el ritmo y ver que pasaba, “si aquí se viene a morir, muramos pues”, me decía.
Pasé el primer mil en 4’30’’ “voy demasiado lento, tengo que recuperar”; segundo mil y el crono marca 4’18’‘ “eso está mejor, aprieto un poco mas y mantengo”, a estas alturas el pulso lo tengo bastante mas alto de lo previsto pero pienso que cuando coja el ritmo irá bajando poco a poco; tercer mil y 4’19’‘ “si no aprieto no llego, hay que morir intentándolo”; cuarto mil y por fin 4’06’‘ “he recuperado 10’‘ pero aún tengo que marcar unos cuanto así para recuperar el tiempo perdido y sobre todo para el que perderé del km 10 al 14”; quinto mil y 4’02’‘, para entonces el pulso me ha bajado un poquito, no mucho pero un poquito, y parece que se mantiene estable con lo que intento mantener el ritmo ya que las sensaciones son buenas; los siguientes miles se quedan por debajo de 4’10’’ y entonces en torno al km 7 - 8 (por la calle Arabial, mas o menos) decido unirme a un grupo que lleva un ritmo muy parecido al mío y con el que iba Nacho. Este fue el momento mas transcendental de mi carrera ya que la decisión tomada influyó notablemente en el resultado que obtuve al final. El grupo iba comandado por un tío muy peculiar, un tal Manuel si mal no recuerdo, que llevaba una camiseta del Granada 74, según creo (por favor, que me perdonen si me equivoco), y al que conocía media Graná ya que todo el mundo lo saludaba a su paso. Pero sobre todo un tío que sabía lo que hacía ya que clavaba los tiempos a su paso por los miles y sobre todo porque ante la fase de la carrera que se avecinaba sabía que no podía afrontarla solo.
Paso el km 10 en poco mas de 42’’, por cierto mi mejor marca hasta la fecha en esta distancia, y doblamos a la derecha afrontando las temidas cuestas que nos llevaran 4 km mas tarde a la Av. de Pulianas, “si consigo llegar medio vivo allí arriba estaré muy cerca de conseguirlo”.
Justo antes del km 10 hemos adelantado a Victor pero ahora no quiero mirar hacia atrás para ver si nos sigue o no, quiero concentrarme en la carrera y que no se me escape el grupo. Recuerdo entonces unas palabras del gran Daniel en las que durante una madrugá cuando me estaba quedando rezagado casi al final del entreno cuando el ritmo se suele apretar, el se puso a mi lado y me dijo “metete ahí dentro, si te metes en el grupo aguantarás el ritmo”. Así que me meto dentro llegando en algunos instantes a ponerme en cabeza junto al tal Manuel que no se corta en decirle a todo aquel que aprieta el ritmo que se frene, que aún queda mucho.
Llegando al ansiado final de la cuesta adelantamos a Cristian, el cual sin duda está tocado después de algún tiempo sin entrenar por una lesión, y a Carlos que lo acompaña, cambio algunas palabras con Cristian pero sigo concentrado en no perder el grupo. Justo al final de la cuesta noto que el grupo se aleja un poco y que un chaval con una camiseta roja también se está quedando así que entonces soy yo el que repite las palabras de Daniel y le digo “hay que meterse ahí como sea” mientras señalo al grupo que se aleja poco a poco, aprieto sin dejar de mirar entonces hacia atrás para ver que el chaval me sigue y por fin a la altura del Cervantes conseguimos meternos nuevamente dentro del grupo. Los últimos miles se habían ido por encima de los 4’20’‘ pero ahora el terreno era favorable y sobre todo tras pasar lo mas duro de la carrera y estar aún entero me sentía capaz de recuperar el tiempo. Veo que el grupo comienza a marcar los miles en torno a los 4‘10’’ y así pasamos por el Hospital Real, La Gran Vía y La Carrera de la Virgen, mantengo el ritmo sin demasiados problemas y aún me siento capaz de aguantarlo pero entonces llega el km 18 y de repente siento una gran pesadez en las piernas. Una gran duda asalta mi cabeza, “Por qué sufrir. Déjate llevar, el 1h35‘ lo tienes hecho y es un buen tiempo para ti”, “y una mierda, no he llegado hasta aquí para entrar por meta paseándome, si tengo que morir ahora es el momento”. En todas estas dilaciones el grupo se me ha ido un poco y para colmo el terreno vuelve a picar ligeramente hacia arriba ahora que las piernas me pesan una tonelada, hecho muchísimo de menos los geles que no fui a comprar el sábado por la tarde pero pienso que son sólo 2 km y que después vendrá otra cuesta hacia abajo y todo habrá terminado. Aprieto los dientes y ahora que no tengo las referencias del grupo decido echar el resto. Casi al final del Camino Bajo de Huetor adelanto a Javi pero no atino a decirle mas que “¡Vamos!” en un leve susurro ya que el resuello no me da para mas. Los tres últimos miles se han ido a algo mas de 4’20’’ pero aún puedo llegar, así que habiendo superado ya el km 20 decido apretar todo lo que pueda “Hay que morir, hay que morir” me repito sin cesar.
Por fin veo el estadio pero no es momento de relajarse sigo a todo lo que doy en ese momento y como es obvio a esas alturas tanto el pulso como el crono me importan un carajo, lo único que quiero es llegar. Últimos metros ya sobre el tartán y doy lo poco que a esas alturas me queda. Paso bajo el arco, paro el crono, lo miro y me gusta lo que veo, 1h30’20’’.
Poco a poco voy recuperando el aliento mientras me dirijo a reponer líquido ya que apenas he bebido en toda la carrera. Intento desabrocharme los cordones de las zapatillas para poder sacar el chip pero compruebo para mi sorpresa que no puedo agacharme así que busco un banco donde sentarme. Ya en ese banco veo que llega Victor y Javi, con los que cambio impresiones. Poco a poco vamos viendo a mas conocidos como a Domingo que ha hecho un carrerón, 1h28’ si mal no recuerdo, y al Gran Daniel I el Grande que según nos cuenta pinchó en el km 3 y se tuvo que parar a estirar y aún así hizo 1h22’, ¡increíble!.
Para concluir me gustaría dar las gracias a todo el grupo de Las Verdes ya que gracias a todos vosotros, con los entrenos compartidos, los consejos dados y los buenos ratos que pasamos cuando nos reunimos hacen que cada día ame mas a este deporte y tenga ganas de superarme, este pequeño triunfo que he conseguido es gracias a vosotros. Y por supuesto un millón de gracias a mi SANTA esposa y a Gonzalo ya que todo el tiempo que paso entrenando se los robo a ellos.
P.D.: ¿Has votado ya el día de la comida - cena de Navidad?. Pues vamos que se acaba el plazo y corres el riesgo de que elija el día por el método pseudocientífico del “pito, pito, gorgorito”.