lunes, 20 de febrero de 2012

28 MARATÓN DE SEVILLA


                No hay mayor prueba atlética que la maratón. Mayor en todos los aspectos. Nada es comparable a las sensaciones que todo el universo maratoniano transmite al corredor. Desde que te inscribes, vives el ambiente previo, la disfrutas, la sufres, la acabas, la reflexionas. Todo conforma una amalgama de vivencias indescriptibles. Yo, al menos, no puedo transmitirlas en palabras. Sólo se siente. Es una experiencia vital, como otras tantas en la vida, sí, pero se nos presenta como un regalo a todos los que tenemos la fortuna de disfrutar corriendo. Hay que correr maratones para sentirse corredor. Ahora lo sé, lo afirmo rotundamente y nada ni nadie me va a quitar esa convicción.
                Ayer disputamos la 28ª Maratón de Sevilla; hoy, extraordinariamente no me encuentro más castigado físicamente que tras una media o algún trail, siento un dolorcillo en ambas rodillas, pero muscularmente subo y bajo escaleras con brío y en general siento energía. Mañana será otra cosa. Para mí los martes son los peores días tras haber competido el domingo.

Sábado. Las matrículas asignadas.

                Si vuelvo a las sensaciones, todo eso se condensa en el sábado. Desde por la mañana estuvimos Txomin y yo empapándonos del ambiente en el mismo estadio olímpico de la Cartuja, pues teníamos reservado allí mismo el hotel. Desde que entras por el dorsal algo te dice que es algo grande, nada que ver con ninguna otra carrera. Se respira ambiente de gran evento,  y como tal te sientes pequeño, dubitativo, nervioso y el cuerpo envía señales muy extrañas. No obstante, aún sigo flipando con la entereza y la parsimonia de mi compañero maratoniano,  no llego a entender su pasmosa tranquilidad. Chapeau por él. Yo estoy fatal. Tengo un careto como un cadáver, blancuzco y con ojeras hasta la barbilla. Miro a la gente haciendo cola para recoger el dorsal, veo sus chándals, sus zapatillas, sus caras, todos parecen estar contentos.  Al mismo tiempo, curiosamente, me siento un privilegiado. Ahí estoy yo, podría no estar, podría estar en cualquier otro lado, pero no, ahí estoy en los prolegómenos de una gran batalla. El ambiente está calmado, el sol radiante, la temperatura no puede ser más perfecta.

                Pasan las horas, el ambiente se sigue disfrutando en la comida de hidratos que prepara la organización de la maratón –excelente en mi opinión. Magnífico entorno y espíritu colectivo, mucha zapatilla de colores, sonrisas y ganas de liberar endorfinas y algo más. Yo, por mi parte, no me siento bien, me noto febril, agotado, venía de una semana pésima de ánimo y salud y aún me noto renqueante.  El miedo subyace, qué duda cabe.  Sin embargo, ceno bien y duermo mejor, algo que me parecía utópico antes de una carrera.
¡A luchar!
Presto.


Tras un buen desayuno con vistas al estadio, el ritual de la vestimenta previa es sobrecogedor. Ahí estamos los dos vistiéndonos, pringándonos de ungüentos varios, poniéndome en mi caso mil y un esparadrapo en los pies, repasando mentalmente todo lo que no puede faltar, es decir, lo de siempre, geles y hasta paquetitos de sal que hurté del hotel –y que a la postre me tomaría en el km 28.
                Salimos hacia el campo de batalla. Lo que se vive en el estadio es inexplicable,  el mosaico de colores y sensaciones se confunden hasta aturdirte y ya entras en conducción automática: sigues a todo el mundo, dices frases incoherentes, murmuras, te sitúas bien cerca del arco, te apretujas, le hueles la nuca al tipo de delante, miras un millón de veces el GPS para comprobar que está OK, con todos los parámetros a CERO… ¿Estarán bien apretados los cordones? Miro al cielo y suena el disparo.


                En pocos segundos estoy en el túnel, evitando el temido embudo que podría haberme engullido de haber salido unos metros más atrás. Cuando diviso la bocana del túnel y veo la luz del día no puedo contenerme y grito con el puño levantado “¡Vaaaamoooos!” en tono guerrero, a lo que acto seguido una turba de miles de personas gritan “¡vaaamooos!”.  Es inútil que escriba lo que sentí. Sólo sé que me daba igual morir allí mismo, ser pisoteado por 5000 personas, sólo por ese segundo todo merecería la pena.
                A la guerra. Sientiendo un magnífico flow mental y físico marcamos los miles a 4’18’’ el primero y sucesivamente van discurriendo en torno a 4’15’’ con una facilidad increíble. Es hora de disfrutar, cojones. Caen los kms, me uno a grupos que van a mi ritmo, Txomin se queda apenas unos metros pero lo intuyo, lo siento detrás. Empiezo a hacer cábalas –sin dejar de disfrutar- y tengo la certeza de que me acercaré a las tres horas. Voy a hacer la media a 1h 30’ con la certeza de que la segunda mitad caerán unos minutos, pero me da igual, viviré de las rentas, no puedo ser conservador ahora. Aún hoy mantengo que si hubiera sido más conservador en la primera parte la segunda tampoco habría mejorado mucho. Esto es maratón. Mientras sea consciente, mientras domine mi cuerpo y mi mente voy a disfrutar, me entregaré al muro, al mazo o a lo que venga, luchando a tumba abierta, cuando quiera que llegue. 


                A partir del km 28 ya no estoy tan feliz. Miro el puñetero Garmin e inexorablemente el ritmo va disminuyendo. Maldición,  jodido cuerpo, jodidas piernas, ¡corred como antes! Pero no hay manera. A partir del 30 vuelvo a retomar el 4’15’’ pero me dura sólo un km. Chico, aquí está tu enemigo, que no sé si son las larguísimas avenidas o yo mismo. Ya me veo mirando al suelo, ya empiezo a jadear y ya veo a gente caminando, sufriendo calambres y algunos hasta gimiendo. Todo da igual. Trato de sortear una y otra vez las trampas que me pone mi propia mente (esto no es para ti, eres un corredor mediocre, qué creías, iluso, párate). Resisto, lucho, lo doy todo. Sé que voy a 4’40’’ y por momentos hasta más lento, pero antepongo una máxima: eres un luchador, y la carrera no se acaba en el 36, cobarde, acaba en el 42 y pico y tú la vas a acabar, estás haciendo lo que te gusta, lo que te hace sentir vivo, así que esto no es la muerte para ti, la muerte es estar parado, sentado, viéndolo desde la barrera, tú estás enfangado en la lucha con toda esta gente. Disfruta sufriendo, como alguien me dijo en este blog.


                Es muy duro. Durísimo. Los últimos kms son una agonía por la supervivencia. Km 38, un cuatro mil, 4 putos miles, es salir de tu casa y llegar hasta la gasolinera BP, ¿cuántas veces lo has hecho?, ¿no hay huevos hoy?. Veo a un chaval de azul agonizar, parándose progresivamente hasta agacharse llorando, le espeto: “esto ya está terminado, vamos”, incluso le empujo y sigue arrastrándose pero mira hacia atrás y ha vuelto a agacharse entre balbuceos ininteligibles. Km 40 y mucha gente aplaude y anima. Aún levanto las manos en señal de agradecimiento. Entro al estadio y puedo palpar la gloria, puedo saborearla, hago el último 400 como mejor puedo, sonriendo, feliz y esta vez sí, levanto los brazos, me acuerdo de todo lo que tengo que acordarme y termino en 3h09’.  En 3h 11’ entra Txomin,  nos abrazamos y nos comemos unas 60 mitades de naranjas entre ambos. Lucimos nuestras medallas, nos sentimos héroes. No he perdido mi escudo, está destrozado, pero lo tengo.


                No me importa hoy nada; lo digo en serio, sé que puedo mejorar, que voy a hacerlo, que voy a hacer menos de 3 horas alguna vez, pero he corrido dignamente, luchando, con una preparación precaria en cuanto a cantidad de kms, he hecho MMP y sobre todo he sido consciente de haber corrido la maratón (las otras 2 anteriores son vagas ensoñaciones con muchísimas lagunas que apenas recuerdo). Estamos contentos , orgullosos  y pletóricos. Así que los matemáticos que se sientan defraudados por mi marca, con perdón, iros a hacer puñetas.

10 comentarios:

Antonio dijo...

Me alegro mucho por vuestros registros, por las sensaciones y por la camaradería.

Lo hemos dicho muchas veces: un maratón es algo diferente, no tiene nada que ver con las demás carreras.

Pero lo mejor no es la marca, ni, a pesar de lo que pueda parecer, el ambiente y la carrera en sí. Quizás lo mejor que os traeis es el recuerdo, las sensaciones y la motivación para seguir mejorando.

Enhorabuena a los dos campeones.

P.D. Veo que lo del escudo (ya sabeis de la peli 300) os motivó, es que la vi hace poco, me alegra.

Onio dijo...

Amen, Javi.
Te lo dije coño!!! a darlo todo, no te guardes nada para la vuelta. Así lo has hecho y lo has disfrutado.
Me alegro mucho por ti, de todos eres el que mas te lo mereces pues siempre has sido el que mas y mejor entrena.
Las marcas, son numeritos, siempre habrá alguien que irá mas rápido y alguien que irá mas lento pero esa sonrisa que tendrás hoy y por muchos días en la cara no te la quita ni Dios.
Un saludo.

Hugo Pérez Villegas dijo...

Ayer en Albolote me acordé de vosotros.

La experiencia es lo que queda y que vengan muchas así... Menudo tiempazo.

Enhorabuena campeones!!

José Antonio dijo...

Javi, enhorabuena ¡de verdad! y en también enhorabuena a Txomin, que sé que lo habéis trabajado. Oye, que me has hecho revivir aquel 2009 porque has escrito con el corazón.
Apostaría mi fé a que ese escudo está intacto.

minda dijo...

A la mierda los tiempos,arriba las sensaciones.Enhorabuena

Victor dijo...

Enhorabuena máquinas,

son marcas muy buenas las dos, ahora os toca como ya dices soñar con las 3 horas, las teneis al alcance pero que no enturbie la magia del maraton una marca, lo más importante son esas sensaciones que se viven de entrega, de lucha, de rendición, de valentía, de orgullo... eso se vive con cualquier marca, es la esencia del corredor

Javi dijo...

Gracias por vuestros parabienes. Ahora bien: dos días después de la prueba las cosas empiezan a vislumbrarse distintas y afloran mis críticas, que en mi fuero interno siempre estuvieron ahí. Muchas sensaciones, sí, mucha lucha, pero la marca NO es buena. Lo dicho, la próxima será preparada a conciencia. Tenemos que rondar las 3 horas, qué duda cabe.

Onio dijo...

Javi, no creo en absoluto que tu marca sea mala.
Quizás este algo por encima de la que te corresponde por tiempo en media maratón, pero no mas de 10' ó 15', que por otro lado no es poco corriendo, pero si tienes en cuenta que no preparaste la prueba específicamente estoy seguro de que cuando lo hagas harás la marca que te corresponde o mejor pero si no la haces no pasa ná.
Como ya te dije, que te quiten lo bailao.
Un saludo.

Antonio dijo...

Je je. La ambición es buena pero que no te prive de lo que has conseguido.

Has vencido a tu bestia negra. Hace 1 año la palabra maratón te provocaba un poco de pavor y ahora te lo quieres comer.

En su justa medida ambición y satisfacción son más placenteras.

Por cierto Onio yo soy de los que piensan que en este deporte te pueden quitar hasta lo bailao.

Un abrazo fieras

José Antonio dijo...

Hola soy José Antonio alumno de Javier. Me ase gracia la postura que tiene mi tutor,
es como Goku antes de trasformándose en súper saiyan.
Me gusta bastante vuestro blog de deportes, hacer ejercicio siempre es bueno,
yo antes jugaba al fútbol en el equipo de mi pueblo pero me retire por una lesión en la pierna izquierda. Yo también tengo mi propio blog, pero es de poemas y historias propias. Os invito a que lo visitéis es: www.chikihistorias.blogspot.com
Felicidades por vuestra pagina.