La verdad es que hay veces que corres y otras que entrenas. Las dos actividades son muy placenteras, aunque el entrenamiento, dada su finalidad, requiere de una mayor fuerza de voluntad y compromiso, además de suponer un esfuerzo considerable.
El de hoy ha sido un entrenamiento muy exigente, quizás de todos los que he hecho en ruta, el más exigente. Pero no por eso ha sido difícil, todo lo contrario. Ha sido uno de los mejores entrenamientos que hemos hecho, en lo físico y en lo metafísico.
A las nueve de la mañana, Javi y yo, hemos salido de
Al partir, las sensaciones eran muy buenas: hacía una magnífica temperatura; nos encontrábamos fuertes, y tantas jornadas de entrenamientos juntos han creado una complicidad atlética-festiva inmejorable entre nosotros. La idea era entrenar de cara a
Al enfrentarnos a las primeras cuestas serias, aquella que nos lleva por encima del puente de los 7 ojos, le decía a Javi que el objetivo era terminar pensando que

Al llegar a
Cuando estábamos coronando, muy cerca del Trevenque, nos alegramos de que terminasen las subidas, pero eso sí, la ascensión murió matando con dos rampas de infarto. Justo antes de coronar, nos cruzamos con dos mujeres, que al igual que nosotros, iban corriendo sólo que haciendo el recorrido inverso, al verlas y comprender lo que habían hecho les aplaudimos y animamos. De ahí comenzamos a bajar y la conversación volvía. Habíamos subido practicando una tensión constante sobre nuestro ritmo, que sin ser abusivo, hizo que en momentos fuésemos muy alegres.
Las Bajadas requerían de cierta pericia pues eran muy empinadas, pero bajar siempre es bajar y otra vez, tras salir de la desolada y alta montaña, el bosque, el verdor casi ofensivo y el agua nos volvía a acoger. Así, llegamos a la toma del Canal, donde el bramido del agua nos poseyó de tal forma que acabamos en la pequeña presa zambulléndonos totalmente.
El baño frió nos dejó totalmente nuevos, parecía que no habíamos hecho nada y con estas buenas sensaciones afrontamos la vuelta del Canal. Al principio todo fue bien, el clima seguía estupendo, estábamos reconfortados y el terreno, aunque técnico, se hacía llevadero. Pero aquí habíamos venido a sufrir y de ello se encargó la segunda mitad del recorrido del Canal, con especial saña en los famosos y temidos arenales. Menos mal que las vistas nos alegraban. Desde la pista forestal hasta el coche fue un agradable paseo, en el que todavía nos costaba asimilar lo que habíamos hecho.

Las sensaciones, con unas buenas y frías verdes en la mano, no podían ser mejores. Hemos entrenado muy bien para


















