La visión de La Ragua de un reciente Triatleta…….. (por VICTOR)
El recuerdo del año anterior de esta carrera era vago y las cicatrices que dejó habían quedado ocultas detrás de otras producidas por carreras más recientes (Veleta, maratón de Sevilla, 101 de Ronda, X-challenge de Marbella…) pero sabía que tocaría sufrir el domingo y eso fue lo primero que le dije a David cuando nos encontramos la mañana del domingo.
En la línea de salida apenas pudimos establecer una estrategia clara entre Javi, Antonio y yo, de tal forma que cada uno salió a su ritmo, encerrado en sus propios pensamientos y buscando sus sensaciones. Llegando a Aldeire veo delante a Nacho, uno de los amigos de las madrugadas, y hago un cambio de ritmo para correr junto a él, sé que es una buena referencia para mí, es un buen escalador y en la carrera reciente de las Fuerzas Armadas entramos uno tras el otro. Corremos juntos hasta el km 9 ó 10 pero al final las sensaciones de cada uno hacen que nos separemos buscando cada uno su propio ritmo. Los km de ¿trámite? van pasando con subidas más o menos intensas, llaneo e incluso un par de km de bajada, hasta que por fin veo la fatídica curva que te introduce en ese infierno de asfalto que tan bien describen mis compañeros en sus crónicas. Ahora empieza la verdadera Ragua- me digo- y los 2 siguientes km recuerdo haber visto a muchos corredores empezar a andar el año anterior así que adapto el ritmo a esas durísimas rampas e intento mantener fuerte la cabeza. Los km con esas pendientes se hacen largos, larguísimos, pero llego al 16 con la sensación de ir sufriendo menos que en 2008. A partir de aquí me encuentro en solitario y las tentaciones de andar me asaltan un par de veces pero soy consciente de que en estas carreras duras hay que superar estas crisis. Los km están señalados un poco arbitrariamente y de pronto me veo en el 21 pero, ¿Dónde está la meta? Aún nos queda casi 1 km, lo hago con lo poco que queda y con la seguridad de que ya no voy a parar. Entro en meta, 2:01:03, 20 segundos más que en 2008 pero me comenta Antonio que ha sido más larga. Satisfecho, sin ánimo de competir he mantenido o mejorado marca y la sensación fué de haber sufrido menos.
Empezando la historia por el final........(por Onio)
Nada mas cruzar la meta me dirigí hacia el puesto de fruta que había frente a mí. Allí encontré a Gregorio y a Jose Antonio descansando. Tras el breve “¿cómo te ha ido?” y algunos comentarios mas, Gregorio me hizo la gran pregunta:
- ¿Volverás?
- …………….tengo que pensármelo - contesté.
Pero para poder contestar a esa pregunta tengo que contar primero la historia de todo lo sucedido ese día y las semanas anteriores.
Tras mi vuelta a los caminos había ido cogiendo forma mucho mas rápido de lo que en un principio pensé. La principal causa de esa rápida recuperación se puede encontrar a las seis de la mañana un martes o jueves cualquiera por las calles de Granada en dirección, siempre, a lo mas alto. Pero en las dos últimas semanas había notado cierto bajón en mi forma que me tenía preocupado. Tras la carrera de Las Fuerzas Armadas, en la que sufrí un pajarón terrible y en la que si no llega a ser por David dudo que la hubiese acabado, volví a sufrir terriblemente cuando el grupo mañanero encaró la subida al Llano al martes siguiente. Estas dos pajaras tan seguidas hicieron que cogiese un poco de miedo ante la inminente subida a la Ragua y sobre todo me sembraron la cabeza de dudas haciendo que una y otra vez me preguntase si sería capaz de tan siquiera terminar.
Con todas estas dudas revoloteando en mi cabeza conducía el domingo por la mañana mientras con la vista trataba de identificar la cota donde dentro de unas horas esperaba estar. Ya una vez en La Calahorra todo sucede a gran velocidad, recogida de dorsales, desayuno, ungüentos varios por el cuerpo, alguien que sugiere calentar mientras otro le contesta que “pa´que, si te vas a hinchar” y sin darme cuenta me encuentro bajo un gran arco de color rojo junto a los que en las próximas horas serán mis compañeros de fatigas.
Bajo ese gran arco y justo antes de partir cambio algunas palabras con Gregorio.
--¿has entrenado a conciencia esta carrera, verdad Gregorio?.
--Pues si, pero esta carrera no se corre solo con las piernas, se corre principalmente con la cabeza.
Esas palabras resuenan en mi cabeza segundos antes de escuchar el pistoletazo de salida y es entonces cuando lo veo claro, es entonces cuando me veo solo en mitad de una plaza muda sin otra compañía que el sol que comienza apretar y pensando que hoy corro para mi, para demostrarme que soy capaz de llegar y que lo voy a conseguir. En ese instante suena un disparo y me pongo en marcha cruzando el gran arco rojo. Primeros metros a través del pueblo que nos dirigen a una inmensa recta de la que por suerte solo recorremos los primeros metros antes de desviarnos hacia los caminos de tierra. Voy muy tranquilo intentando no acelerarme para ello miro una y otra vez el pulsometro que me devuelve bajas pulsaciones y me da confianza. Aprieto un poco la marcha y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro con las primeras rampas. "Ahora a mantener el pulso Antonio", y así voy subiendo despacito pero a ritmo constante. Noto que adelanto a mucha gente pero cuando llego arriba esa gente vuelve a adelantarme, intento ir tras ellos pero mi cabeza me dice que los deje, que hoy no compito con nadie sólo conmigo mismo así que vuelvo a establecer mi ritmo y trato de mantenerlo incluso cuando las cuestas me son favorables. El paisaje es asombroso, todo está verde y para colmo se escucha el fluir de un arroyo que discurre paralelo al camino y que cruzamos en un par de ocasiones. Vuelven a aparecer nuevas rampas y vuelvo a adelantar a mucha gente pero esta vez cuando llego arriba noto que me adelantan menos de los que yo he adelantado. Continuo con mi ritmo y me agrego a un grupo de tres compañeros alguno de los cuales recuerdo de anteriores carreras. Con este grupo llego a la parte mas favorable de la carrera y entonces noto que ellos suben algo el ritmo así que decido dejarlos ir, aprovecho para beber bastante agua y tomar un gel mientras busco con la mirada el terrible asfalto. Por fin lo diviso a lo lejos pero ya no le tengo miedo he ido aguantandome toda la carrera y a partir de ahí voy a darlo todo. Kilometro catorce, giro hacia la derecha y emprendo la subida. Comienzo a adelantar a gente pero a diferencia de antes ya no vuelve a adelantarme nadie. Me encuentro muy comodo con el ritmo que llevo y según voy viendo gente por la carretera voy intentando darles caza y lo voy consiguiendo. Los kilometros van cayendo y aún puedo mantener el ritmo, paso el 18, el 19, ¿el 15? "graciosillo", el 20, vamos Onio que solo te queda uno. "Ya lo veo, ahí está y tras esa curva tiene que estar la meta". Paso la curva y "¿dónde carajo está la meta?". Noto unos pasos detrás que aceleran "Ah no, ahora no me adelanta ni dios" aprieto el paso y ahora si, ahí esta el arco rojo.
Dos horas, once minutos y cincuenta y dos segundos mas tarde vuelvo a cruzar este arco tras recorrer algo mas de ventiún kilómetros. Atrás queda el que hasta la fecha para mi ha sido el recorrido mas bonito que he afrontado en una carrera y sobre todo me queda la sensación de que fui capaz, de que durante esos ventiun kilómetros no sucumbí nunca a la desesperación por llegar, de que disfruté todos y cada uno de los paso que di desde el comienzo hasta el sprint final.
Y ahora ya puedo contestar a la pregunta:
--¿Volverás?
--POR SUPUESTO.

"Así fue, a La Calahorra fui para subir"…(por Mario Zafra Jiménez)
… después de 21 km largos y durante 2 horas y 25 minutos, al puerto de la Ragua, situado en la parte norte de Granada y Sierra Nevada, sobre la cota 2000, dando categoría de alta montaña. Y fui después de negar más que San Pedro, que no, que eso no era para ir corriendo, y en esa negación se puede resumir mi primera media maratón del Puerto de La Ragua.
Con piernas no llegue para el reto, y en esas empecé a dar los primeros kilómetros, dirección a Aldeire, antes de adentrarnos en las faldas, de la sierra para "zigzaguear" con pendiente por pistas entre arboles y algún rio que cruzamos un par de veces, antes de llegar a la temida carretera en sus últimos ocho kilómetros.
Esos primeros quizás dos, tres o quizás cuatro kilómetros los hice con José Antonio al que deje ir, primero porque no podría seguir su ritmo, y una vez ya en las pistas y ver de qué iba el terreno empecé a planificar mi carrera. Puede ser que fuera una decisión cómoda, huyendo del sufrimiento y buscando el disfrute del entorno, la adoptada, torne el trote de corredor por un trote senderista rápido, es decir andar, en aquel terreno que era con más desnivel. Cuando el camino se significaba por menos desnivel, los hacía corriendo, a buen ritmo incluso, recuperando con dignidad lo perdido. De senderista hubo momentos que iba al mismo ritmo que aquellos que corrían, y hasta sobrepasar alguno en tramos duros, echaba de menos unos bastoncillos, me habrían venido bien de haberme atrevido a alguna trocha. El objetivo se iba mascando, llegar lo más entero al asfalto y allí llevar un mejor ritmo e ir corriendo, cansado no iba en exceso. Los dos o tres últimos kilómetros de tierra en falso llano, me dan animo, creo en llegar bien al asfalto, el tiempo me daba igual hace rato. En principio se agradece el asfalto, y a ello vamos, pero hay pendiente, y seguimos en lo mismo, mi particular carrera de relevos, andando y corriendo. Tras el paso por la carretera antigua, volvemos a la carretera, donde el piso es mejor, quedaran tres kilómetros, aunque de repente marca kilometro 15???? Vemos ya el hueco del paso de montaña, es un error, y el aire sopla en contra, pero ya estamos, así que apretar, habrá que esforzarse algo. Paramos cronometro en esas dos hora y veinticinco minutos. Tampoco ha estado mal. Ahora ya no negare de ella.

LA RAGUA 2009 - “O cómo sucumbir de nuevo al gigante“ (por Javi)
Muchas carreras he hecho desde la anterior de edición de la subida al puerto de la Ragua del año 2008. Muchos kms, muchos entrenos, logros y decepciones, y entre toda esta amalgama, un maratón, de cuya alargada sombra ya he hablado en otra ocasión. El caso es que de nuevo llegó el Espíritu de la Ragua, eso sí, arrastrando una ya casi preocupante falta de motivación y ambición por mi parte en todas las carreras anteriores. No obstante, la preparé, la entrené a conciencia, subiendo y llegando a hacer recorridos de montaña casi oníricos, escalando metros imposibles y enfrentándome en soledad a muchas rampas dantescas, como las definiría José Antonio.
“Al menos voy preparado”, me decia en los preliminares, pero una sensación implacable ya se había apoderado de mí: no sufriría como el año anterior. No. No agonizaría esta vez, si bien toda mi preocupación sería no pararme ni un solo segundo, no caminar ni un metro. ¿Contratiempos? Tuvimos calor, algo de viento, alguna molestia en el empeine izquierdo… trivialidades que en nada quedaban ante la rotundidad de mi determinación: mi cabeza había decidido no sufrir.
Y así lo hice. Partí a mi ritmo, dejé que mis referencias se desvanecieran en el horizonte, agaché la vista, sonreí y con la compañía siempre de una botella de agua -no me deshidrataría como el año anterior, que no abandonaría hasta sustituirla por otra en el siguiente avituallamiento, subí, bajé y volví a subir. Llegó el asfalto. ¡El temible y letal asfalto! Y me acomodé, bajé el ritmo, troté suave, dejé escapar a dos corredores que me acompañaban durante varios kms con una impasibilidad que hoy me duele, no luché lo más mínimo. Seguí corriendo, no me paré, cogí la sandía y la bebida isotónica sin detenerme un instante, escuché el canto monótono de las chicharras, dejé que mi cuello y brazos se abrasaran por el sol. Dos o tres veces alcé la vista para mirar al monstruo cara a cara, que son esas tremendas serpientes diabólicas del km 20, y ante mi evidente indefensión, el monstruo ni siquiera me embistió. El monstruo sabía que no tenía oponente, que vencería sin pelear lo más mínimo. Coroné en 2 horas y 2 minutos, restando 4 minutos al crono del año pasado.
Bajo la cresta roja del monstruo creí estar contento, creí haber dañado a la bestia… Qué iluso… Me había derrotado a mí mismo cuando el monstruo miraba a otro lado…¡ Qué heridas tan crueles, que incrementan su dolor con el paso de los días!