martes, 30 de junio de 2009

"Pasión por el Deporte: SALVA ESCOBAR" (Por Javi)

No es habitual individualizar en nuestra bitácora, pues en esencia se trata de una idea colectiva y colaboradora. De hecho, creo que nunca nos hemos centrado en la figura de ningún corredor en particular, ni popular ni de élite. Esta vez quisiera hacer una excepción. Permitidme que os presente a Salva:


Salva y servidor. Un día cualquiera en Almerimar...

Salva es, en líneas generales, un apasionado del deporte: carrera a pie, natación, ciclismo, otras disciplinas indoor, etc. Pero ante todo, se trata de un gran tipo. Una persona sana en todos los aspectos, riguroso, puntual, disciplinado, no exento de meticulosidad, si bien es de fácil y agradable trato. Atleta del club ejidense Chino-Chano, ejemplifica el perfecto compañero de fatigas, esa compañía que tanto se necesita en días en que no apetece salir a correr, en intempestivas tardes huracanadas o cargadas de sofocante humedad. Cuando el ánimo y el cuerpo están bajo mínimos y el entreno diario más parece un tormento que un placer, ahí emerge la figura del compañero con el que intercambiar impresiones, desahogarte o simplemente reirte para hacer el trayecto más llevadero.


A principios de septiembre, recién mudado a Almerimar, literalmente busqué a alguien para correr. Moví los hilos necesarios, hice llamadas, pregunté aquí y allá y se me abrieron varios frentes. Tenía que decidir por dónde ir, a quién pegarme, a sabiendas de que corría el riesgo de toparme con corredores eventuales, de esos que tienen mil y una excusas para dejarte tirado a la primera oportunidad. Yo buscaba y necesitaba continuidad, constancia para mis entrenamientos, cosa que no es nada fácil cuando cada año inauguras un nuevo lugar de residencia, con nuevas amistades y nuevas rutas. Encontré a Salva y desde entonces han sido muchas las tardes de entrenamiento compartidas, muchas zancadas por la costa de Balerma y muchos metros ascendidos por la sierra de Gádor, por no hablar de las series; sesiones de entreno que ya han quedado grabadas en la retina, tardes de inmenso sufrimiento y placer simultáneos: ¿recuerdas esos 20 x 500, esos 10x 1.000, esos 4x 4.000?

Gracias a él, a sus “rodajes alegres”, pero sobre todo, a su compañía, alcancé mi mejor pico de forma, mis mejores marcas y mis mejores sensaciones. Por supuesto, para llegar a ello trabajé duro, me esforcé con un rigor y una disciplina casi estoica, pero sé con certeza que no lo habría logrado corriendo solo. Pero como os decía antes, Salva no falla. Un escueto sms diciendo “a las 7 donde siempre” o un “OK” de confirmación han valido durante todo este tiempo para saber que ahí nos encontraríamos, que no correría solo y que la sesión se haría mucho más amena.

Sin embargo, la mejor conclusión de todo esto no es que consigas un compañero para correr, sino que esa figura se convierte en un amigo, alguien a quien parece que conociera desde hace años y con el que compartes vivencias y momentos muy gratificantes, sin excluir algunas verdes que otras. Además, me alegra sobremanera repetir curso escolar el año que viene en el mismo lugar, entre otras razones porque a partir del 1 de septiembre allí estará, seguro, en los “aparcamientos”, estirando, o haciendo abdominales en el paseo, Salva.
¡Compañero, ánimo! Te mereces este pequeño homenaje. Nos vemos en septiembre.

viernes, 26 de junio de 2009

"De vuelta a las andadas" por Abel




Hace unos días, cayó en mis manos, de manera casual, la imagen que abre la entrada de hoy. Y lo cierto es que, nada más verla de un vistazo, creí que se trataba de una simulación de todas las zonas del cuerpo, que antes, durante y tras la carrera, acaban provocando dolor en el corredor. (Una observación más detenida me hizo caer en la cuenta de que en realidad se trata de ejercicios de estiramiento, que tampoco están exentos de dicho dolor)

Y es que como bien sabéis, estoy tratando de retomar la forma física perdida, por los excesos gastroenólicos de los últimos meses, unidos al sedentarismo que en cuanto uno se descuida, acaba presidiendo nuestras vidas.

Si correr ya de por sí supone un esfuerzo considerable, que acaba sometiendo al organismo a padecimientos físicos, que el resto de mortales no corredores, no acaba a alcanzar, la idea de "comenzar de nuevo" todo el proceso de entrenar, hace que te plantees la opción de salir a la calle, con anestesia general.

Por hacer un breve recorrido anatómico, de las zonas del organismo expuestas al dolor, podemos comenzar por los pies, que desde uñas moradas por el derrame, hasta arrancadas literalmente, abren un universo de "placeres sado-masoquistas del corredor de fondo".

A continuación pasamos al talón, como el de nuestro Aquiles particular (prodigio de desorden anatómico de la caprichosa naturaleza, que realizó fracasados ensayos con sus talones) para ir surcando la planta del pié con nuestra querida, y a menudo eterna fascitis.

Iremos ascendiendo por el tobillo, no sin antes recordar sus torceduras y daños tendinosos en el Aquiles, hasta llegar vía espinillas, gemelos y soleos, emboscados siempre a la espera de "cazar desprevenido" al Compae Flores.

Y, por fin, llegamos a mis odiadas rodillas, impenitentes compañeras en el dolor pre, durante y post ejercicio. Tienen la particularidad de ser capaces de provocar dolor y malestar en su parte interna y externa, delantera y trasera, y por supuesto lateralmente.....¡¡vamos, unas joyas!!

Antes de alcanzar las caderas, que no solo sirven para emplazar las cartucheras de las mujeres, sino que pueden dejar en la estacada al implacable Daniel, pasamos por los cuádriceps y bíceps femorales, siempre cargados y siempre pendientes de estirarlos lo suficiente.

Ya estamos en el tronco y aquí se despliega toda una pléyade de dolores, desde el popular flato en uno, otro o ambos costados, hasta los retortijones de intestinos (a veces clamando por vaciarse, luchando implacables contra los esfínteres y apoyados por la fuerza de gravedad.....¡¡Gracias Newton!!), dolor de estómago, acidez,etc.

Hasta llegar a los hombros, cuna de algunos dolores por sobrecarga, tenemos la columna vertebral, capaz de producir dolor a todo lo largo y ancho de sus 75 cm, tanto de pié como sentados o tumbados, en reposo o en movimiento, ascendiendo o descendiendo pendientes.



Así que despues de este somero repaso, de todo aquellos puntos donde os puede doler y, con seguridad, os dolerán cuando os echeis a esos caminos de Dios a quemar "alpargata", os dejo para darme mi dosis de analgésico por vía tópica así como oral.

Tan solo espero no haber provocado en vosotros, con este alegato del deporte como forma de vida sado-masoquista, un terrible "DOLOR DE CABEZA", que solo faltaría eso.

Saludos!!

martes, 16 de junio de 2009

II MEDIA MARATÓN DE MONTAÑA LA CALAHORRA-PUERTO DE LA RAGUA / MULTICRÓNICA

La visión de La Ragua de un reciente Triatleta…….. (por VICTOR)



El recuerdo del año anterior de esta carrera era vago y las cicatrices que dejó habían quedado ocultas detrás de otras producidas por carreras más recientes (Veleta, maratón de Sevilla, 101 de Ronda, X-challenge de Marbella…) pero sabía que tocaría sufrir el domingo y eso fue lo primero que le dije a David cuando nos encontramos la mañana del domingo.

En la línea de salida apenas pudimos establecer una estrategia clara entre Javi, Antonio y yo, de tal forma que cada uno salió a su ritmo, encerrado en sus propios pensamientos y buscando sus sensaciones. Llegando a Aldeire veo delante a Nacho, uno de los amigos de las madrugadas, y hago un cambio de ritmo para correr junto a él, sé que es una buena referencia para mí, es un buen escalador y en la carrera reciente de las Fuerzas Armadas entramos uno tras el otro. Corremos juntos hasta el km 9 ó 10 pero al final las sensaciones de cada uno hacen que nos separemos buscando cada uno su propio ritmo. Los km de ¿trámite? van pasando con subidas más o menos intensas, llaneo e incluso un par de km de bajada, hasta que por fin veo la fatídica curva que te introduce en ese infierno de asfalto que tan bien describen mis compañeros en sus crónicas. Ahora empieza la verdadera Ragua- me digo- y los 2 siguientes km recuerdo haber visto a muchos corredores empezar a andar el año anterior así que adapto el ritmo a esas durísimas rampas e intento mantener fuerte la cabeza. Los km con esas pendientes se hacen largos, larguísimos, pero llego al 16 con la sensación de ir sufriendo menos que en 2008. A partir de aquí me encuentro en solitario y las tentaciones de andar me asaltan un par de veces pero soy consciente de que en estas carreras duras hay que superar estas crisis. Los km están señalados un poco arbitrariamente y de pronto me veo en el 21 pero, ¿Dónde está la meta? Aún nos queda casi 1 km, lo hago con lo poco que queda y con la seguridad de que ya no voy a parar. Entro en meta, 2:01:03, 20 segundos más que en 2008 pero me comenta Antonio que ha sido más larga. Satisfecho, sin ánimo de competir he mantenido o mejorado marca y la sensación fué de haber sufrido menos.




Empezando la historia por el final........(por Onio)










Nada mas cruzar la meta me dirigí hacia el puesto de fruta que había frente a mí. Allí encontré a Gregorio y a Jose Antonio descansando. Tras el breve “¿cómo te ha ido?” y algunos comentarios mas, Gregorio me hizo la gran pregunta:







- ¿Volverás?
- …………….tengo que pensármelo - contesté.


Pero para poder contestar a esa pregunta tengo que contar primero la historia de todo lo sucedido ese día y las semanas anteriores.



Tras mi vuelta a los caminos había ido cogiendo forma mucho mas rápido de lo que en un principio pensé. La principal causa de esa rápida recuperación se puede encontrar a las seis de la mañana un martes o jueves cualquiera por las calles de Granada en dirección, siempre, a lo mas alto. Pero en las dos últimas semanas había notado cierto bajón en mi forma que me tenía preocupado. Tras la carrera de Las Fuerzas Armadas, en la que sufrí un pajarón terrible y en la que si no llega a ser por David dudo que la hubiese acabado, volví a sufrir terriblemente cuando el grupo mañanero encaró la subida al Llano al martes siguiente. Estas dos pajaras tan seguidas hicieron que cogiese un poco de miedo ante la inminente subida a la Ragua y sobre todo me sembraron la cabeza de dudas haciendo que una y otra vez me preguntase si sería capaz de tan siquiera terminar.




Con todas estas dudas revoloteando en mi cabeza conducía el domingo por la mañana mientras con la vista trataba de identificar la cota donde dentro de unas horas esperaba estar. Ya una vez en La Calahorra todo sucede a gran velocidad, recogida de dorsales, desayuno, ungüentos varios por el cuerpo, alguien que sugiere calentar mientras otro le contesta que “pa´que, si te vas a hinchar” y sin darme cuenta me encuentro bajo un gran arco de color rojo junto a los que en las próximas horas serán mis compañeros de fatigas.


Bajo ese gran arco y justo antes de partir cambio algunas palabras con Gregorio.


--¿has entrenado a conciencia esta carrera, verdad Gregorio?.
--Pues si, pero esta carrera no se corre solo con las piernas, se corre principalmente con la cabeza.



Esas palabras resuenan en mi cabeza segundos antes de escuchar el pistoletazo de salida y es entonces cuando lo veo claro, es entonces cuando me veo solo en mitad de una plaza muda sin otra compañía que el sol que comienza apretar y pensando que hoy corro para mi, para demostrarme que soy capaz de llegar y que lo voy a conseguir. En ese instante suena un disparo y me pongo en marcha cruzando el gran arco rojo. Primeros metros a través del pueblo que nos dirigen a una inmensa recta de la que por suerte solo recorremos los primeros metros antes de desviarnos hacia los caminos de tierra. Voy muy tranquilo intentando no acelerarme para ello miro una y otra vez el pulsometro que me devuelve bajas pulsaciones y me da confianza. Aprieto un poco la marcha y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro con las primeras rampas. "Ahora a mantener el pulso Antonio", y así voy subiendo despacito pero a ritmo constante. Noto que adelanto a mucha gente pero cuando llego arriba esa gente vuelve a adelantarme, intento ir tras ellos pero mi cabeza me dice que los deje, que hoy no compito con nadie sólo conmigo mismo así que vuelvo a establecer mi ritmo y trato de mantenerlo incluso cuando las cuestas me son favorables. El paisaje es asombroso, todo está verde y para colmo se escucha el fluir de un arroyo que discurre paralelo al camino y que cruzamos en un par de ocasiones. Vuelven a aparecer nuevas rampas y vuelvo a adelantar a mucha gente pero esta vez cuando llego arriba noto que me adelantan menos de los que yo he adelantado. Continuo con mi ritmo y me agrego a un grupo de tres compañeros alguno de los cuales recuerdo de anteriores carreras. Con este grupo llego a la parte mas favorable de la carrera y entonces noto que ellos suben algo el ritmo así que decido dejarlos ir, aprovecho para beber bastante agua y tomar un gel mientras busco con la mirada el terrible asfalto. Por fin lo diviso a lo lejos pero ya no le tengo miedo he ido aguantandome toda la carrera y a partir de ahí voy a darlo todo. Kilometro catorce, giro hacia la derecha y emprendo la subida. Comienzo a adelantar a gente pero a diferencia de antes ya no vuelve a adelantarme nadie. Me encuentro muy comodo con el ritmo que llevo y según voy viendo gente por la carretera voy intentando darles caza y lo voy consiguiendo. Los kilometros van cayendo y aún puedo mantener el ritmo, paso el 18, el 19, ¿el 15? "graciosillo", el 20, vamos Onio que solo te queda uno. "Ya lo veo, ahí está y tras esa curva tiene que estar la meta". Paso la curva y "¿dónde carajo está la meta?". Noto unos pasos detrás que aceleran "Ah no, ahora no me adelanta ni dios" aprieto el paso y ahora si, ahí esta el arco rojo.



Dos horas, once minutos y cincuenta y dos segundos mas tarde vuelvo a cruzar este arco tras recorrer algo mas de ventiún kilómetros. Atrás queda el que hasta la fecha para mi ha sido el recorrido mas bonito que he afrontado en una carrera y sobre todo me queda la sensación de que fui capaz, de que durante esos ventiun kilómetros no sucumbí nunca a la desesperación por llegar, de que disfruté todos y cada uno de los paso que di desde el comienzo hasta el sprint final.



Y ahora ya puedo contestar a la pregunta:
--¿Volverás?
--POR SUPUESTO.











"Así fue, a La Calahorra fui para subir"…(por Mario Zafra Jiménez)





… después de 21 km largos y durante 2 horas y 25 minutos, al puerto de la Ragua, situado en la parte norte de Granada y Sierra Nevada, sobre la cota 2000, dando categoría de alta montaña. Y fui después de negar más que San Pedro, que no, que eso no era para ir corriendo, y en esa negación se puede resumir mi primera media maratón del Puerto de La Ragua.



Con piernas no llegue para el reto, y en esas empecé a dar los primeros kilómetros, dirección a Aldeire, antes de adentrarnos en las faldas, de la sierra para "zigzaguear" con pendiente por pistas entre arboles y algún rio que cruzamos un par de veces, antes de llegar a la temida carretera en sus últimos ocho kilómetros.



Esos primeros quizás dos, tres o quizás cuatro kilómetros los hice con José Antonio al que deje ir, primero porque no podría seguir su ritmo, y una vez ya en las pistas y ver de qué iba el terreno empecé a planificar mi carrera. Puede ser que fuera una decisión cómoda, huyendo del sufrimiento y buscando el disfrute del entorno, la adoptada, torne el trote de corredor por un trote senderista rápido, es decir andar, en aquel terreno que era con más desnivel. Cuando el camino se significaba por menos desnivel, los hacía corriendo, a buen ritmo incluso, recuperando con dignidad lo perdido. De senderista hubo momentos que iba al mismo ritmo que aquellos que corrían, y hasta sobrepasar alguno en tramos duros, echaba de menos unos bastoncillos, me habrían venido bien de haberme atrevido a alguna trocha. El objetivo se iba mascando, llegar lo más entero al asfalto y allí llevar un mejor ritmo e ir corriendo, cansado no iba en exceso. Los dos o tres últimos kilómetros de tierra en falso llano, me dan animo, creo en llegar bien al asfalto, el tiempo me daba igual hace rato. En principio se agradece el asfalto, y a ello vamos, pero hay pendiente, y seguimos en lo mismo, mi particular carrera de relevos, andando y corriendo. Tras el paso por la carretera antigua, volvemos a la carretera, donde el piso es mejor, quedaran tres kilómetros, aunque de repente marca kilometro 15???? Vemos ya el hueco del paso de montaña, es un error, y el aire sopla en contra, pero ya estamos, así que apretar, habrá que esforzarse algo. Paramos cronometro en esas dos hora y veinticinco minutos. Tampoco ha estado mal. Ahora ya no negare de ella.


















LA RAGUA 2009 - “O cómo sucumbir de nuevo al gigante“ (por Javi)





















Muchas carreras he hecho desde la anterior de edición de la subida al puerto de la Ragua del año 2008. Muchos kms, muchos entrenos, logros y decepciones, y entre toda esta amalgama, un maratón, de cuya alargada sombra ya he hablado en otra ocasión. El caso es que de nuevo llegó el Espíritu de la Ragua, eso sí, arrastrando una ya casi preocupante falta de motivación y ambición por mi parte en todas las carreras anteriores. No obstante, la preparé, la entrené a conciencia, subiendo y llegando a hacer recorridos de montaña casi oníricos, escalando metros imposibles y enfrentándome en soledad a muchas rampas dantescas, como las definiría José Antonio.




“Al menos voy preparado”, me decia en los preliminares, pero una sensación implacable ya se había apoderado de mí: no sufriría como el año anterior. No. No agonizaría esta vez, si bien toda mi preocupación sería no pararme ni un solo segundo, no caminar ni un metro. ¿Contratiempos? Tuvimos calor, algo de viento, alguna molestia en el empeine izquierdo… trivialidades que en nada quedaban ante la rotundidad de mi determinación: mi cabeza había decidido no sufrir.



Y así lo hice. Partí a mi ritmo, dejé que mis referencias se desvanecieran en el horizonte, agaché la vista, sonreí y con la compañía siempre de una botella de agua -no me deshidrataría como el año anterior, que no abandonaría hasta sustituirla por otra en el siguiente avituallamiento, subí, bajé y volví a subir. Llegó el asfalto. ¡El temible y letal asfalto! Y me acomodé, bajé el ritmo, troté suave, dejé escapar a dos corredores que me acompañaban durante varios kms con una impasibilidad que hoy me duele, no luché lo más mínimo. Seguí corriendo, no me paré, cogí la sandía y la bebida isotónica sin detenerme un instante, escuché el canto monótono de las chicharras, dejé que mi cuello y brazos se abrasaran por el sol. Dos o tres veces alcé la vista para mirar al monstruo cara a cara, que son esas tremendas serpientes diabólicas del km 20, y ante mi evidente indefensión, el monstruo ni siquiera me embistió. El monstruo sabía que no tenía oponente, que vencería sin pelear lo más mínimo. Coroné en 2 horas y 2 minutos, restando 4 minutos al crono del año pasado.



Bajo la cresta roja del monstruo creí estar contento, creí haber dañado a la bestia… Qué iluso… Me había derrotado a mí mismo cuando el monstruo miraba a otro lado…¡ Qué heridas tan crueles, que incrementan su dolor con el paso de los días!

viernes, 12 de junio de 2009

“ VELANDO ARMAS” por Abel




Se acerca el día de la competición, tan solo unas horas me separan del disparo de salida y la suerte y la preparación que haya sido capaz de atesorar serán mis únicas armas para afrontarla con éxito.



Trato de no pensar en ello, pero la imaginación hace que mi mente recree cada zancada, cada respiración jadeante, cada dolor que irá apareciendo y desapareciendo de mi cuerpo, a lo largo de todo el recorrido.



Las dudas me asaltan, pues ¿estaré realmente tan entrenado como quiero pensar?, ¿reaccionará mi organismo bien ante el reto al que le someteré?, ¿el calor echará por tierra mis aspiraciones?, ¿lograré mejorar mi anterior marca?, ¿estaré a la altura de mis rivales de siempre?.....sin lugar a dudas, todas esas respuestas solo podrán ser resueltas en el momento de la competición, y ni un minuto antes.



Cuido mi alimentación durante estos días que preceden a la carrera, para tratar de llegar con los músculos a tope de energía, con la hidratación y los electrolitos en su nivel óptimo. Por tanto tengo que privarme del exceso de alcohol, sobre todo esas cervezas que con el calor, mi organismo me pide ingerir.



Aparto el entrenamiento intenso y lo sustituyo por algo de estiramientos y rodaje suave, tratando de descansar el mayor tiempo posible, aunque no siempre durmiendo, pues la mente se me dispara con sus cábalas respecto a la competición.



Es en estos momentos cuando pienso: ¿por qué he tenido que apuntarme a esta prueba, con lo feliz que soy yo entrenando tan ricamente? Y es que de nuevo la adrenalina de la competición, hace que busque esa sensación de esfuerzo, sacrificio y búsqueda de los propios límites de mi organismo, el cual me demuestra cada vez, que éstos puedo llevarlos un poco más lejos, si hago las cosas bien y con cabeza.



Simplemente pensar en el ambiente de compañerismo y camaradería que hallaré en los preámbulos de la carrera, hace que se despejen rápidamente los nubarrones de mis ideas negativas.



Tan solo me queda por repasar la indumentaria de la carrera y como una novia ante su día más soñado, preparo la vestimenta, el calzado, los accesorios, la comida energética, etc, con toda la minuciosidad que la situación requiere, pues con la emoción del momento, si lo dejo para última hora, puedo olvidar algo imprescindible e irreemplazable.



Me subo al coche, recojo a mis compañeros de fatigas y nos dirigimos al punto de partida de la prueba, ya no hay marcha atrás posible, pues la suerte está echada.





Ya solo queda ¡¡ DISFRUTAR!!

domingo, 7 de junio de 2009

UNA RUTA PARA EL RECUERDO (por Antonio).



La verdad es que hay veces que corres y otras que entrenas. Las dos actividades son muy placenteras, aunque el entrenamiento, dada su finalidad, requiere de una mayor fuerza de voluntad y compromiso, además de suponer un esfuerzo considerable.

El de hoy ha sido un entrenamiento muy exigente, quizás de todos los que he hecho en ruta, el más exigente. Pero no por eso ha sido difícil, todo lo contrario. Ha sido uno de los mejores entrenamientos que hemos hecho, en lo físico y en lo metafísico.

A las nueve de la mañana, Javi y yo, hemos salido de la Guitarra, en Cumbre Verdes, con la idea de llegar hasta la Cortijuela, de ahí al collado del Trevenque, bordeando el pico homónimo, descendiendo por el refugio Rosales, para llegar a la toma del Canal de la Espartera y volver hasta la guitarra. Creo que se llega hasta casi los 2000 metros de altura, pero si tenemos en cuenta el desnivel acumulado al que nos hemos enfrentado, éste superaría los 1500 metros. ¡¡¡La verdad es que suena duro, pero lo es aún más!!!

Al partir, las sensaciones eran muy buenas: hacía una magnífica temperatura; nos encontrábamos fuertes, y tantas jornadas de entrenamientos juntos han creado una complicidad atlética-festiva inmejorable entre nosotros. La idea era entrenar de cara a la Ragua y habíamos firmado un pacto de no agresión que nos ha ayudado en nuestro objetivo.

Al enfrentarnos a las primeras cuestas serias, aquella que nos lleva por encima del puente de los 7 ojos, le decía a Javi que el objetivo era terminar pensando que la Ragua era menos de lo que teníamos por delante. Aunque sabéis que soy dado a las exageraciones, ha faltado poco para cumplirlo.



Al llegar a la Cortijuela, nos deleitamos con sus frescas aguas y seguimos ascendiendo, ahora hacia lo desconocido, porque a pesar de conocer, en teoría, el recorrido, no sabía por donde discurría exactamente. Perdernos entraba en mis cálculos. Para rebajar la tensión bromeábamos sobre la serie de un aventurero que enseña como sobrevivir en ambientes hostiles a base de gusanos de cadáveres y otras delicias gastronómicas.


Cuando estábamos coronando, muy cerca del Trevenque, nos alegramos de que terminasen las subidas, pero eso sí, la ascensión murió matando con dos rampas de infarto. Justo antes de coronar, nos cruzamos con dos mujeres, que al igual que nosotros, iban corriendo sólo que haciendo el recorrido inverso, al verlas y comprender lo que habían hecho les aplaudimos y animamos. De ahí comenzamos a bajar y la conversación volvía. Habíamos subido practicando una tensión constante sobre nuestro ritmo, que sin ser abusivo, hizo que en momentos fuésemos muy alegres.


Las Bajadas requerían de cierta pericia pues eran muy empinadas, pero bajar siempre es bajar y otra vez, tras salir de la desolada y alta montaña, el bosque, el verdor casi ofensivo y el agua nos volvía a acoger. Así, llegamos a la toma del Canal, donde el bramido del agua nos poseyó de tal forma que acabamos en la pequeña presa zambulléndonos totalmente.

El baño frió nos dejó totalmente nuevos, parecía que no habíamos hecho nada y con estas buenas sensaciones afrontamos la vuelta del Canal. Al principio todo fue bien, el clima seguía estupendo, estábamos reconfortados y el terreno, aunque técnico, se hacía llevadero. Pero aquí habíamos venido a sufrir y de ello se encargó la segunda mitad del recorrido del Canal, con especial saña en los famosos y temidos arenales. Menos mal que las vistas nos alegraban. Desde la pista forestal hasta el coche fue un agradable paseo, en el que todavía nos costaba asimilar lo que habíamos hecho.


Las sensaciones, con unas buenas y frías verdes en la mano, no podían ser mejores. Hemos entrenado muy bien para la Ragua, hemos compartido una mañana increíble, las imágenes de los paisajes todavía me asaltan, y me siento más corredor y más cerca de la naturaleza.

viernes, 5 de junio de 2009

Crónica del GPF Órgiva 2009 por Mario Zafra



Hoy tocaba correr en Órgiva y Lanjarón, salida desde la primera, llegar a la segunda para volver a la primera, total 18 kilómetros y 500 metros. Órgiva se encuentra a unos 450 metros de altitud sobre el nivel del mar y Lanjarón en torno 725 metros sobre el nivel del mar, a un lado la sierra de Lujar al otro el pico del Caballo.

Hace dos años, en el 2007, ya hice esta carrera, buenos recuerdos tenia de ella. Su recorrido, primero hacia arriba, luego para abajo... no es estrictamente así, ofrece más variedad sus 18 kilómetros largos de ida y vuelta.

Pasadas las diez y media se dio la salida, con la sensación de que éramos menos de los que deberíamos, hubo división con la carrera de las Fuerzas Armadas, aparte de alguna más como la subida a la Sagra.

El comienzo es descendente, hacia la carretera, apenas 200 metros. La ascensión comienza al poco, al pasar el puente sobre el rio, creo que el Guadalfeo. Estos primeros pasos los comparto con Antonio Luis, "Erleón", aunque inmediatamente cada uno se acomoda a su ritmo con las primeras rampas. Los primeros cinco kilómetros creo que son los más duros de la ascensión, tal vez por continuada, y en ello me fijo llevando un ritmo adecuado que no desgaste. Bien señalados los kilómetros, y voy comprobando que voy por debajo de los 5 minutos el kilometro. El primer avituallamiento de agua esta antes del kilometro cinco


A lo lejos veo la acequia que cruza por encima de la carretera. Ahí debe de estar el kilometro cinco y un descanso en la subida. Así es, marco 24 minutos. No acelero el ritmo, prefiero recuperar, me adelantan aquellos que había dado cuenta un poco antes. Lo prefiero así, se que quedan cuatro kilómetros y hace calor, aunque el aire se agradece enormemente en algunos trozos de la carretera. Es ligera bajada, falso llano, luego no será así. Al kilometro prosigue la ascensión, así hasta la curva que nos deje ver por primera vez Lajarón. Paso el kilometro 6, 7, 8 y seguimos por debajo de los cinco minutos, y la cabeza empieza extrapolar tiempos. Por debajo de la hora y media. LLegamos a esa recta que nos llevara a Lanjarón y a lo lejos empezamos a ver que pronto nos cruzaremos con la cabeza de carrera. Paso la venta que hay a la salida de Lanjarón que casi coincide con el cruce con los primeros, van rápido, pero también están ya de vuelta, para abajo. Ahora si he cogido algo más de ritmo. Veo el kilometro 10 marcado, pero aun no he llegado al 9, queda poco para dar la vuelta, curva y entramos en Lanjaron, es cuesta arriba hasta dar la vuelta. Mitad de recorrido menos de 45 minutos, entre 43 y 44, ahora debo de tardar menos. Me destaco de mi grupo, ese en el que se encuadra uno en la carrera inconscientemente. Ahora el camino debe de ser favorable. Los primeros metros a recuperar.

Salida ya de Lanjarón paso por la venta, y cogemos un vaso de limonada para reponer, hay que agradecer el detalle. Pasamos el kilometro 11 y la euforia me atrapa, y hace lanzarme a tumba abierta, las piernas lo permiten. Llega el falso llano, antes del que queden 5 kilómetros, se hacen insufribles los últimos metros hasta llegar a la acequia donde marca el kilometro cinco, el aire se ha parado y ese falso llano es todo pero sobre todo falso, como un mal amigo. Aun así, si creerlo, sufro y me mantengo. Ya es descendente el camino que nos queda pero esa tumba abierta es más relajada y los primeros metros los dedico a recuperar. Lo peor paso creo, queda la última recta que lleva a meta, 100 o 200 metros, es ascensión. Ahí está, pero no tengo fuerza para esprintar como es costumbre y me gusta, acelero poco el ritmo Tiempo 1 hora 27 minutos, y segundos, mejoro 40 segundos respecto hace dos años, ahí estoy, ni para atrás ni para adelante, mismo tiempo casi en subir que en bajar. Satisfecho por haberla hecho, y mantener....el día que yo me ponga veremos.
--

Mario Zafra Jiménez

miércoles, 3 de junio de 2009

"¿QUÉ ME PASA, DOCTOR?" por Jesús Lens

Peter Bogdanovich dirigió en 1972 la estupenda, caótica y divertidísima ?What?s up, Doc??, una película en la que un serio y sesudo profesor se da de bruces con una alocada mujer de fuerte carácter, generándose una disparatada trama que se basaba en dos premisas: la batalla de los sexos y la atracción por la irresponsabilidad.


Y aquí estoy yo, un Ex-Verde, retrepado, con las piernas cansadas y doloridas después de hacer unos 15 kilómetros, pero sintiéndome más perro que nunca.


Desde hace unos meses, tengo una batalla contra mí mismo que me tiene de lo más inquieto: no quiero competir.


Es decir, quiero, pero no lo hago.


Lo cuál es doblemente absurdo porque, en nuestras carreras del Circuito de Fondo de la Diputación, no competimos contra los demás, excepción hecha de algunos piques honrosos y creativos, sino que competimos contra nosotros mismos y contra ese gran tirano que es el tiempo.


Entonces, ¿por qué llevo rajándome, sin aparecer en la línea de salida de tres de las últimas citas que teníamos convocadas? No fui al Padre Marcelino, dejé tirado a Álvaro en Huétor (y mira que me arrepentí, por tantos y tantos motivos...) y, la última espantá la di el pasado domingo, no compareciendo ni en Órgiva ni en Las Dos Colinas, para las que estaba debidamente inscrito.


Y no es que esté excesivamente pasado o falto de forma, que tras recuperarnos de la Maratón, las dos carreras en que he participado no me han ido mal.


Pero cuando llega el momento de ir a la carrera... me quedo en casa. Y luego salgo a correr aparte, haciendo mi recorrido de siempre. Y, encima, echo de menos el ver a los colegas de Las Verdes y al resto de amiguetes corredores.


Por todo ello, pregunto: ¿qué me pasa?


Porque peor aún es el otro síntoma: sin estar preparado, habiendo corrido una distancia del entorno de los 15 kilómetros sólo dos veces en las últimas semanas y después de quedar desfondado el pasado domingo por meterme 20 kilómetros llanos... tengo ganas de apuntarme a demencias como la Media Maratón de Montaña de La Ragua en la que, debidamente entrenado, casi reviento el año pasado.


La atracción por la irresponsabilidad, o sea.


Y, así, tengo que repetir la pregunta: ¿Qué me pasa, Doctor?


Jesús Lens, dudoso-perplejo.

jueves, 28 de mayo de 2009

¿CARRERA DE ORGIVA O LAS DOS COLINAS? (por Víctor)





Amigos, compañeros, aficionados al atletismo de Granada, este fin de semana tenemos un dilema: dos carreras que nos gustan coinciden el domingo. La carrera de Órgiva-Lanjarón es considerada por muchos de nosotros como la joya del circuito de la Diputación, sobre todo después de que la media maratón de Granada saliese del mismo. Una carrera de 18.5 km en nuestra hermosa Alpujarra; prueba dura donde se pone a prueba la capacidad de sufrimiento en subida y la habilidad de los corredores en las bajadas con unos paisajes que dejan huella en la retina del corredor.





Pero, ¿Qué me dicen de la Carrera de las dos colinas? Organizada por las Fuerzas Armadas esta prueba celebra su 4ª Edición en 2009. El recorrido atraviesa los sitios míticos de la Granada musulmana, con un primer paso por la Alhambra, bajada vertiginosa por la temida cuesta de los chinos y subida al Albaycín y Sacromonte, donde los corredores disfrutan de las mejores vistas posibles de la Fortaleza árabe. 12.5 km sin ningún desperdicio.





Yo, por distintas razones, me quedo en la de las dos Colinas. ¿y vosotros?

martes, 19 de mayo de 2009

101 Ronda. XIIIª Edición (Por Victor)


La “Cientouno” se ha convertido en una carrera muy conocida y apreciada entre los aficionados a la bicicleta de montaña pero tanto ellos como los atletas sabemos que el verdadero protagonismo lo tienen los marchadores, personas sin límites que se atreven a enfrentarse nada más y nada menos que a dos maratones y medio y en un trazado de montaña. Para mi estreno en esta prueba decidí no obstante que sería más razonable hacerla en la modalidad duatlon, consistente en 77 km en bicicleta, 17 corriendo y los últimos de nuevo en bicicleta. No es que no sea duro, que lo es, es que al lado de un corredor no te atreves a presumir de nada, sólo puedes decir que tú también la hiciste…

La carrera cuenta con una organización ejemplar, una logística perfecta y una ciudad volcada, con pancartas de bienvenida a los participantes y unas calles cuidadosamente engalanadas para dar abrigo y ánimo a todos los valientes que acuden a la cita. Así, cuando llegamos el viernes a Ronda mi amigo David y yo no tardamos en sentirnos como los héroes que llegan a algún sitio para realizar su proeza al día siguiente. La primera parada obligada fue la recogida del dorsal y dejar nuestras bicicletas en el campo de fútbol custodiadas por legionarios. A continuación nos dirigimos al punto donde dejamos la bolsa con las zapatillas de correr para que estuviera dispuesta en el momento de la transición bici-correr. Según me contó Cristian los corredores dejaban dos bolsas allí con calcetines secos, bastones, etc.

No tardamos en reunirnos con los amigos del club Triatlón Armilla que ya estaban dando buena cuenta de unas verdes. Allí estaban Antonio el Chico y nuestro Iron Man-uel, como perfectos maestros de ceremonia. También compartimos esas cervezas con otros componentes del club, a los cuales no conocía aún: Rubén, Julia, David “Tiburón” Tapia y su novia, y los valientes que la iban a hacer a pie por segundo año consecutivo y sólo dos semanas después de hacer Mapoma: Jesús y Mariola. El ambiente era de fiesta, no sé si había nervios pero yo creo que más bien sentíamos euforia. Finalmente fuimos a la cena de la pasta para una última carga de carbohidratos y nos dirigimos con nuestro saco al polideportivo a ¿dormir?.

Nos levantamos con el corneta a toque de diana (que recuerdos…) y empieza la aventura. Si para un corredor prepararse para una prueba tiene su ritual imagínense para un ciclista o un duatleta: allí estábamos revisando todo el equipo, presión de las ruedas, frenos, amortiguación, cámaras de repuesto, bote de agua, casco, protector solar, gafas, guantes…basta ya!. Por un pequeño despiste entramos en la salida muy tarde y nos vemos obligados a quedarnos en la puerta. La participación es masiva, toda la pista de atletismo está llena de bicicletas y los que no cabemos esperamos encima de la grada. En el campo de fútbol se concentran los corredores. El ambiente es festivo: música, un “speaker” muy animado y para salir cuenta atrás y… un cañonazo.










Tardamos unos 25-30 minutos para poder subir a la bicicleta (los corredores saldrán detrás), hacemos 4 km de travesía por toda la ciudad y al salir de Ronda… de nuevo nos paramos, es una salida neutralizada, los 101 contarán a partir de ahora. Aprovechamos para juntarnos alguna gente del club, intercambiar risas y hacernos unas fotos.




La salida se hace por una carretera amplia pero es complicado adelantar en un pelotón tan numeroso. Hacemos una bajada por el Tajo de Ronda, con unas vistas impresionantes de la localidad, y no tardamos en tomar una pista forestal que se adentra en esos parajes andaluces tan evocadores. Empezamos a coger ritmo y vamos adelantando ciclistas continuamente, no tardamos en encontrarnos con los primeros corredores que habían hecho un recorrido alternativo mientras se daba esa salida neutralizada para el pelotón ciclista. No puedo evitar sentir admiración y respeto por todos los que van corriendo, así que les doy palabras de aliento y les ofrezco agua, lo que puedo… El primer avituallamiento lo hacemos en el km 15 y quizá por inercia, por curiosidad, no sé, el caso es que sin necesidad aún de tomar nada nos paramos, dejamos las bicicletas y bebemos, comemos fruta, en fin, sin demasiado afán competitivo.

Volvemos al camino y de nuevo vamos adelantando corredores que ya habíamos pasado. Tengo la fortuna de ir en un sitio de la carrera en el que voy acompañando a las primeras unidades de corredores a pie, me convierto en un espectador de lujo de la genuina cientouno. Me llama la atención un corredor en particular, marcha en la quinta o sexta plaza y lleva una coleta llamativa, la oreja llena de pendientes, una camiseta de algodón de los Simpson y un pantalón de fútbol: sería el corredor que ganaría la carrera a pie. Por delante de él, en las primeras posiciones marcha un rostro curtido con un bigote tosco que impone, sin duda un militar, acompañado de un atleta joven que le marca un ritmo duro.





Hace mucho calor y nos encontramos sobre el km 30 en un nuevo avituallamiento parados. Nos vuelven a dar alcance los primeros corredores y yo me acuerdo de las sensaciones que me aparecen en un maratón sobre ese km y le cuento a David la grandeza de lo que están haciendo. Empieza todo el mundo a aclamarlos y a dejarles avituallarse sin guardar cola, son los protagonistas. Un mando militar nos grita “señores, este es un sitio perfecto para abandonar, en 20 minutos estarán tomando cerveza fresquita en Ronda, suban al camión”… así que retomamos las bicicletas y en marcha. Hasta ahora el recorrido ha sido de subidas y bajadas relativamente suaves y mirando el perfil sabemos que lo serio empieza ahora. Nos cruzamos con gente que va por el km 15 de carrera, son los que han salido andando o trotando muy despacio, centenares de personas ante los que no puedo evitar sentir una gran admiración.

Hacemos la primera bajada peligrosa en dirección a Arriate. Los militares señalizan perfectamente las curvas y los tramos peligrosos pero aún así la afluencia masiva y la ansiedad de algunos corredores provocan caídas continuas, las ambulancias militares van y vienen continuamente con personas accidentadas. Llegados a Arriate (km 35) nos enfrentamos a la primera subida seria, son 5 kms de ascensión en un camino angosto con unas rampas fortísimas. Desde el primer momento de esta ascensión los lados del camino están colapsados de gente que ha puesto el pie a tierra y ha decidido subir andando. Ajusto el cambio y me propongo no poner el pie en tierra, es muy difícil, no por lo duro de la subida si no porque la gente que va caminando se interpone y debo ir avisándoles y muchas veces tengo que meterme en surcos llenos de piedras sueltas que hacen complicado dominar la bicicleta. Consigo mantenerme milagrosamente sobre la bici y el camino se aclara un poco, estoy adelantando decenas, centenares de corredores en esta subida, tengo unas sensaciones de euforia tremendas, por primera vez desde que hemos salido paso de sentirme espectador de la carrera a sentirme corredor y me gusta la bicicleta. Coronamos en el km 40 en un nuevo avituallamiento. Me quedo esperando a David que ha tenido que bajarse por culpa de alguien que le interrumpió el paso y me encuentro con otro amigo de Albolote (Sergio) que la está haciendo en bicicleta y se encuentra algo contrariado por haber tenido que bajarse por culpa de alguien también.

Bajamos ahora en dirección a Setenil. La subida anterior me ha dado confianza y ganas de competir por lo que bajo rápido y me despego nuevamente de David. Salimos a una carretera y comienzo a cazar grupos tirando de oficio de lo que he aprendido estos dos meses con la bicicleta de carretera: desarrollo bueno, piernas, posición aerodinámica y a rodar. Noto que la gente empieza a flaquear y sigo adelantando grupos hasta llegar a Setenil (km53), donde se encuentra el primer avituallamiento sólido. Llega David, son cerca de las 4 de la tarde y hay una cola inmensa para recoger los alimentos. De nuevo cometemos el error de parar. Hacer la cola, comer, rellenar los botes de agua, etc, hemos parado 45 minutos. Cuando estamos preparándonos para salir llega el primer corredor y es el amigo de la coleta!. Todo el mundo aplaude y yo aprovecho entonces para hacerle fotos. Le veo algo desencajado, el calor es tremendo y hace gestos de tener calambres en las piernas… pero se come un plátano y una naranja y sigue adelante!.

Ahora nos enfrentamos a un tramo de subida nuevamente. La larga parada y el haber comido demasiado hace que las sensaciones no sean de ir muy fino pero poco a poco el cuerpo se va entonando. Después de unos 2 km comenzamos la segunda subida seria, ahora es algo más corta (unos 3 km) pero casi igual de dura que la anterior. Pongo un cambio asequible y se repite el escenario anterior, adelantando a gente que camina con la bici o a otros que suben muy despacio a “molinillo”. Cojo una buena rueda, un chico fuerte que sube a un ritmo parecido al mío, me coloco tras él y vamos alternativamente avisando a la gente para que nos dejen pasar. Coronamos juntos y tras darle la mano espero a David que nuevamente se vio entorpecido al subir y obligado a hacer un tramo a pie. Llegamos al avituallamiento (km66), a mi me duele mucho el asiento, el mono del club es demasiado fino pero le doy aliento a David, nos quedan 11 km para hacer la transición.






Seguimos hasta el Tercio en un descenso vertiginoso en el que tengo una caída tonta pero algo aparatosa para el dedo anular pero no parece roto, así que tras una breve inspección de daños retomo la bicicleta y sigo ruta, aunque con más calma después del susto. Entramos en el cuartel de la Legión y me dirijo directamente a recoger de mi bolsa las zapatillas de correr. Es ponérmelas y sentirme yo mismo, ahora sé que puedo competir. Salgo y oigo ovaciones, el corredor de la coleta está llegando al cuartel y todo el mundo se vuelca con él. Busco a David y entramos al comedor a tomar algo. Recuerdo la carne empanada que me había comentado Mario y veo también perritos calientes pero pienso que no es buena idea deleitarse con esto antes de correr así que tomo un yogur y un plátano y me guardo una barrita en el maillot.

Salimos a correr, sobre el papel serán 17 km (el Garmin de David registró cerca de 20). Por delante la temida subida a la Ermita pero los 2 primeros km son de ligero descenso así que empezamos a trotar. Las piernas están cargadas de la bicicleta pero poco a poco voy sintiendo el ritmo, el pulso va controlado, la respiración acompaña y no tengo ninguna molestia. Me cruzo con gente conocida que vienen de vuelta y están en su tramo final. Veo a Antonio Roca, responsable de que yo me apuntase a esta locura y nos saludamos con júbilo. Comenzamos la subida, serán 3 km duros, así que decidimos hacerlos caminando. Las ganas de correr son grandes, tanto que cada vez que la pendiente se suaviza animo a David para que empecemos a correr. Adelantamos a muchos ciclistas y también a muchos duatletas que van caminando. David hace una parada para orinar pero yo no puedo parar, me siento eufórico de nuevo, estoy en uno de esos momentos místicos de los corredores: Al atardecer, km 83, coronando la Ermita sin dejar de correr, con un ritmo perfecto, la respiración acompasada, recogiendo el fruto de todos esos entrenamientos madrugadores, en altitud, las series, no quiero estar en otro sitio en ese momento… Entro en un estado de euforia grande y empiezo a gritar, les repito a los ciclistas la frase de Cristian del jueves anterior: “el dolor es pasajero, el orgullo para siempre”… y sin darme cuenta me alejo de David pero no puedo dejar de correr. Y así hasta el km 91, donde paro en un avituallamiento para reunirme con David. Pasamos por una pequeña población donde la gente nos aclama confundiéndonos con los marchadores y los ciclistas también animan continuamente. Llevo en el mono el nombre del club así que continuamente recibo ánimos granaínos. En uno de ellos me quedo estupefacto cuando un ciclista me pregunta: ¿Eres de las verdes? Soy Alex… (Alehandro?), …se esfumó.

Llegamos de nuevo al cuartel, la parte final se ha hecho muy larga y empieza a anochecer (han sido casi 3 km más de lo previsto y a estas alturas cada km se hace eterno). Una Coca-cola y recogemos bici y casco. Lejos de ser un trámite los últimos km de la carrera son de los más duros. Nos encontramos en la parte de abajo del Tajo y hay que ascender irremediablemente para llegar a meta. Para colmo la bicicleta de David hace un ruido metálico escandaloso que además de frenarle provoca las bromas de todos los que están animando en ese tramo final. La última cuesta la llaman la del “cachondeo”. Yo la intento subir en bici pero David, desesperado por ese ruido infernal decide subir a pie, así que como las fuerzas también estaban justitas y teníamos que entrar juntos en meta me apeo y subimos andando los dos. En la cuesta me adelantan uno o dos corredores que están terminando ya. Hablo con ellos y les expreso mi admiración, van tocados, tocadísimos pero son unos héroes. Llegamos a Ronda, se oye el rugir de la gente y la megafonía así que nos montamos de nuevo en sendas bicicletas y preparamos nuestra llegada. La calle está vallada y la gente se agolpa para ver llegar a los valientes. Llegamos con un tiempo muy discreto pero nos aplauden como si hubiésemos ganado (Gracias Ronda). Terminamos, nos damos un abrazo y sonreímos. El comentario fue obvio: “ESTO ES DURO, EH!, NO ME QUIERO IMAGINAR LO QUE TIENE QUE SER CORRIENDO”. Hay que repetir.



domingo, 10 de mayo de 2009

COMO DECIRTE, COMO CONTARTE (por Antonio)



La verdad es que fui con pocas ganas, Javi me convenció para acudir a la carrera de Santa Fe. Aún no me encontraba para competir, pero las series realizadas el martes me decían que estaba bien. Me salieron en buenos tiempos y eso da moral. Total, me apunté y allí fuimos.

El caso es que una vez en faena te alegras de acudir, te encuentras con amigos, charlas, te ríes y todo lo demás, pero a pesar de eso me encontraba raro, la verdad un poco apático. Calentando me decía a mí mismo: ¿qué coño te pasa? Este es tu sitio, tienes que hacerlo bien. No era presión, buscaba la motivación perdida.


En la salida, algo más animado, por primera vez nos habíamos situado delante, como nunca. Suena el disparo y salimos: rápidos, muy rápidos. Los dos primeros Km. en 7` 30”, para los que nos conocéis, todavía teníamos, Javi y yo, a Daniel a unos metros, pero más que una visión era un espejismo, tardó poco en meternos distancia.

Ahora me chequeaba e intentaba predecir la carrera. No iba bien, ni para atrás, no son excusas, es una realidad apabullante, desde el maratón voy para atrás como los cangrejos. Entreno bien, disfruto, tengo espíritu competitivo pero me pongo el dorsal y no sé si es que salgo muy fuerte, o no estoy motivado, pero el caso es que no carburo como antes. No obstante, disfruto, me gusta correr y las carreras, aunque no esté fino. ¡Ya vendrán tiempos mejores!.

Ahora estábamos, Javi y yo mano a mano, el uno por el otro. A las primeras de cambio, en el segundo Km empezó a meterme unos metros, no muchos, pero en carrera parece un mundo. Paradójicamente eso me motivó, lo veía ahí y esa era mi referencia. Me acordaba del fútbol, yo del Madrid, él del Barsa. Parecía una traspolación: él, fuerte, elegante en las zancadas e intratable, y yo, pequeño, con poca técnica, y patizambillo. Pero, a diferencia de los merengues, no iba a bajar los brazos: Así que con un poco de pundonor y gracias a que él tampoco estaba fino, le dí alcance. ¡Ya estoy aquí, te crees que yo soy como el Madrid!.



Unos metros, pocos, pero un poco de ventaja tenía. La felicidad es efímera en casa del pobre, y yo, por no tener, no tenía ni ganas de correr. Me dolía todo y nada, un no se qué que me recorría el cuerpo y me decía: para, para. No os creáis que íbamos volando, los Km. se iban por encima de 4 minutos, bastantillo. De tal forma, que al poco, ya tenía a Javi allí.



Fue un verdadero alivio. Al igual que yo, él tampoco tenía mucho, así que unos Km. él y otros yo, nos fuimos apoyando el uno en el otro, y nos dábamos un poco de aliento. Se agradece tener un buen amigo apoyándote en esos Km. Cuando ya no puedes y sólo quieres pararte, ver que alguien está como tú, a tu lado, y sufriendo contigo, es un auténtico salvavidas. 
En estas llegamos a la meta, o ella vino a recatarnos, no sé. 41 minutos, a pesar de todo contentos, mucho calor, viento y un cuerpo y una mente que no acompañaban. Ahora eso sí, sufrimiento, el de siempre, como perros. Creo que ha sido la tónica general, todos los corredores con los que he hablado no estaban muy contentos con su tiempo. Mal de muchos, cons………


Una vez en la meta, comenzamos a ver a los amigos. Los dos Danieles como siempre, en su tónica, José ni que decir, hecho un hacha. Después vimos a Juanba, José Antonio, Mario, Gregorio, Paco (compai), Víctor y sus amigos y José Manuel. En definitiva, una gran familia que hacen que las carreras, independientemente de cómo salgan o lo que suframos, sean una verdadera fiesta. Además esta vez teníamos un reportero de lujo, Roberto, al que desde aquí le deseo una pronta recuperación, que ha inmortalizado nuestras andanzas.





















Después vino el tercer tiempo. Un calentamiento previo con José Antonio y Emilio y después, Javi y yo, con nuestras sufridoras, degustando buen pescaito en Churriana. Para terminar una de fútbol. Algunos de nuestros verdes estarán un poquito contrariados, les ha faltado el alirón. No os preocupéis, ¡eso está hecho! y al igual que con las carreras os esperan jornadas gloriosas, y espero que a mí también.


¡A POR LA RAGUA!